El vals Ruinas del músico y compositor José de la Cruz Mena Ruiz, conocido como el Divino leproso, premiado en los primeros Juegos Florales de 1904 en León e interpretado en un solo de piano por Margarita Rochi de Alonso, sigue asombrando al mundo por su grandiosidad, originalidad y creatividad musical.
Esta célebre pieza fue grabada por Camerata Bach en 1988 y presentada en un concierto en Viena, Austria, recordó el músico Ramón Rodríguez. “Al terminar de tocar el vals la gente se puso de pie y ovacionó la pieza, eso me sigue emocionando aún”, comentó Rodríguez.
Según sus reseñadores biográficos, Hilario Isaías Ulloa, Gilberto Vega Miranda, Edgardo Buitrago, Carlos Tünnermann y Armando Zambrana Fonseca, entre otros, los valses de Mena han sido también ovacionados en Moscú, Uruguay, Cuba, México, Milán, Honduras y San Salvador.
VIDA NOVELADA
Su vida y obra fue novelada en el libro biográfico Ruinas, Mi incurable tristeza, publicado en 2006 por Zambrana Fonseca, quien espera sea llevada al cine documental de largometraje, dado su estructura cinematográfica.
Zambrana Fonseca recordó que el vals Ruinas se volvió más popular a mediados del siglo pasado cuando Alcides Gutiérrez Barreto publicó el primer disco grabado por la Orquesta Metropolitana; luego Julio Cansino trabajó la música sintéticamente.
Señaló que la mayor parte de las composiciones de este genio de la música están perdidas, unas cuantas se conservan en Nicaragua, y otras cree que están en una biblioteca de Nueva York.
“Estos documentos se los llevó el maestro Irías y fueron presentados por orquestas en una catedral en Washington. A la fecha ningún gobierno se ha interesado en rescatar estos históricos archivos”, dice Zambrana.
El nombre de Mena e influencias han sido asociados por sus biógrafos al de Beethoven o Strauss. “Nosotros le llamamos el Mozart nicaragüense”, destacó por su lado Rodríguez.
Reconoció en la obra de Mena influencias de estos grandes maestros de la música clásica, asimismo tener una venia musical nicaragüense, que lo hace un músico grandioso, diferente y muy original.
Por su lado el escritor Carlos Tünnermann refiere que el doctor Edgardo Buitrago cuenta que “al principio Mena tocaba sus obras en la guitarra y cuando fue perdiendo los dedos transmitía las notas mediante silbidos”.
Y así en medio de tantas penurias y dificultades realizó sus composiciones dejando su legado musical extraordinario en cantidad y calidad.
La Orquesta Nacional brindará un concierto, este domingo 3 de mayo, a las 6:00 p.m., en el Teatro José de la Cruz Mena, en León.
TRISTE RETRATO
De Mena solo se conoce una foto de su rostro abultado y más de su edad. Uno de sus biógrafos, Edgardo Buitrago, lo describe como un hombre alto, delgado y ligeramente encorvado, de color moreno, pelo negro y liso, boca y nariz regular, ojos vivos y expresivos.
La lepra le destruyó la mano y afectó su visión y rostro también, por lo que en sus últimos años acostumbraba a taparse con toallas o telas.
¿Dónde contrajo este mal? Puede que el bacilo de contagio lo adquiriera en Managua o en casa de un sacerdote salvadoreño que padecía de lepra. Pedro, su hermano, murió también de lepra.
Fue cuidado por la Mercha, una mujer negra que le llevaba alimento, medicinas y le limpiaba sus llagas; y por Isabel Ruiz, su vecina. Y era visitado por un grupo de amigos en su confinamiento en río Chiquito, entre ellos Salvador Ruiz y Cornelio Sosa.
LEGADO MUSICAL
E ntre sus valses se pueden enumerar: Ruinas; Amores de Abraham, dedicado a su amigo Abraham Morazán; Rosalía, dedicado a Rosalía de Icaza; Lola, a Lola de Alvarado; Bella Margarita, a la pianista Margarita Rochi de Alonso; Recuerdos de Engracia, En tus ojos; Emilio; Isabel, Duerme, Amores de Leonor, El triunfo, y otros que se perdieron.
Y sus canciones profanas: Yo pienso en ti, Suspiros de amor, Un recuerdo, dedicadas a pianista doña Rosario Gil de Fiallos; Sueños de amor, Yo te amo, A ella, Las hijas de Eva (romanza), Te amo como un eco, entre otras.
También compuso mazurcas, avemarías, tedeum, misas de réquiem, misas de glorias, salves, marchas fúnebres, pasodobles, sones de pascua, villancicos y marchas militares y pasodoble, uno dedicado al general Zelaya y otro al general Asisclo Ramírez.
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