El mito griego de Admeto (legendario rey de Feras, en Tesalia) cuenta que cuando se casó con Alcestis, princesa de Yolco, al llegar en la noche a su cuarto en busca de su novia a quien esperaba encontrar desnuda y ansiosa, lo que encontró en el lecho nupcial fue un horrendo nido de serpientes.
Es que la diosa Artemisa había sustituido en la cama el espléndido cuerpo de Alcestis con las mortales culebras venenosas.
Pero frustración de Admeto fue mayor que el espanto que le causaron los mortíferos animales estaban en su cama, en vez del cuerpo desnudo de la novia.
No había sido fácil para él casarse con Alcestis. Muchos nobles la querían en matrimonio, pero Pelias, rey de Yolco y padre de la hermosa doncella, no quería cederla a ninguno de los pretendientes porque no quería que nadie se ofendiera y enemistara con él.
Entonces a Pelias se le ocurrió una estratagema. Para salir del apuro, al menos temporalmente, decidió y así lo hizo saber a los pretendientes de Alcestis, que esta se casaría con aquel que lograra enganchar al yugo de su carro un león y un jabalí, e hiciera un recorrido por el estadio de la ciudad.
Por aquel tiempo el dios Apolo estaba en la Tierra, al servicio de Admeto, como pastor, por el período de un año, debido a un castigo impuesto por Zeus. De manera que, según cuenta el mitólogo británico Robert Graves en el primer tomo de su obra en dos volúmenes, Los mitos griegos , Admeto llamó a Apolo y le preguntó:
“¿Te he tratado con el respeto debido a tu divinidad?”
“Lo has hecho, ciertamente —asintió Apolo— y yo te he mostrado mi agradecimiento haciendo que todas tus ovejas paran mellizos”.
“Entonces, como un favor final —suplicó Admeto— te ruego que me ayudes a conseguir a Alcestis permitiéndome que cumpla las condiciones de Pelias”.
“Será un placer para mí” —contestó Apolo. “Heracles (Hércules) le ayudó también amansando a las fieras y poco después Admeto condujo su carro alrededor del estadio de Yolco, tirado por aquel par de animales salvajes”.
Sin embargo, a pesar de que Admeto había satisfecho la exigencia de Pelias, no pudo disfrutar su noche nupcial y satisfacer su deseo de poseer a la bella Alcestis.
Pero, ¿por qué Artemisa había sustituido en la cama de Admeto el cuerpo de Alcestis con el nido de mortales serpientes venenosas?
La explicación nos la ofrece también el mitólogo Graves: Es que Admeto no hizo la ofrenda debida a Artemisa, como era la costumbre y obligación religiosa en aquellos tiempos.
Artemisa (cuyo equivalente en la mitología romana es Diana) es hija de Zeus y Leto y, por lo tanto, hermana de Apolo. Ella va siempre armada con arco y flechas y por eso es conocida como la diosa cazadora, protectora de los animales salvajes. Su hermano, Apolo, es el dios de la luz del Sol y ella es la diosa de la luz de la Luna. Además Artemisa es diosa de la fecundidad (natural y humana) y, por lo tanto, patrona de los matrimonios y del nacimiento de los hijos.
Según la explicación que brinda Robert Graves en su obra arriba citada, en la época cuando la diosa Artemisa era venerada por su auspicio de la fecundidad humana, no existía todavía en la sociedad la unión matrimonial monogámica, es decir, de un hombre con una sola mujer y viceversa.
“Artemisa —explica Graves— se oponía al matrimonio monogámico porque (ella) pertenecía al culto pre-heleno en el que las mujeres se emparejaban promiscuamente fuera de sus clanes; por eso los helenos la propiciaban con sacrificios nupciales portando antorchas de la casta oxiacanta (es decir, de espinosos arbustos de rosas) en su honor”.
De manera que la sustitución de Alcestis en la cama de Admeto, con el nido de serpientes, debió haber sido porque a Artemisa no le gustó su matrimonio monogámico.
Pero Admeto pudo finalmente consumar su matrimonio con Alcestis, gracias a Apolo, quien abogó a su favor ante Artemisa. Y obtuvo también la promesa de la diosa de que cuando llegara el día de su muerte Admeto, podría salvarse si un miembro de su familia accedía a morir por él.
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