La cuenta de muertos tras el terremoto del sábado en Nepal sigue subiendo de manera inexorable y hasta ayer había 6,166. La ONU da por seguro que esta cifra aumentará aun considerablemente una vez se llegue a las zonas rurales del país, algo que cinco días después del terremoto considera “esencial”.
El último balance oficial también contabiliza 13,232 heridos. Los registros confirman las dimensiones devastadoras de una catástrofe que mantiene a decenas de equipos de rescate movilizados en busca de milagros bajo los escombros.
Ayer los socorristas rescataron a Pemba Tamang, de 15 años y quien sobrevivió bebiendo mantequilla clarificada (“ghee”). Su rescate fue recibido entre aplausos por la multitud reunida ante los escombros del hostal Hilton Guesthouse, donde el chico trabajaba y donde quedó apresado. “No creía que fuera a salir vivo”, aseguró.
Pocas horas después, los socorristas sacaron a una segunda superviviente atrapada entre las ruinas de un edificio en la capital nepalí, tras diez horas de rescate. La mujer fue localizada gracias a un sistema de escucha de los equipos de salvamento franceses, que detectaron una respiración bajo los escombros. Estaba indemne.
Ambos casos han alentado a los socorristas a seguir trabajando para rescatar a supervivientes a pesar de las condiciones extremas y las réplicas. Aunque gran parte de la población de la capital de Nepal sigue viviendo al raso y alerta, ayer empezaron a verse los primeros signos de un regreso a la normalidad, con la apertura de algunos comercios y la reaparición de los vendedores de frutas y verduras callejeros en la plaza Durbar, en ruinas.
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