Hay pocos políticos que se atrevan a declarase a sí mismos como “socialistas” en Estados Unidos y que, después de hacerlo, sobrevivan en la arena. Uno de ellos es el senador Bernard Sanders, de 73 años, quien ayer lanzó una campaña marcadamente de izquierda por la candidatura del Partido Demócrata para las presidenciales de 2016, y se convirtió en el primer rival de Hillary Clinton a las primarias.
En un modesto evento en las afueras del Capitolio en Washington D.C., Sanders, el senador que más tiempo ha ocupado un escaño en la Cámara Alta como independiente, denunció un sistema económico “inmoral” y demasiado favorable para los “millonarios y multimillonarios”.
Firme defensor de las políticas sociales, este legislador hijo de judíos inmigrantes huidos por el Holocausto, se interesó desde muy pronto por la política y el activismo, formando parte incluso de la histórica Marcha por Washington de 1963, encabezada por Martin Luther King, cuando tenía 22 años.
Ferviente crítico de los excesos y los privilegios de Wall Street, Sanders votó en contra de su rescate por parte del Gobierno en 2008 tras el desplome de la economía y se ha erigido como uno de los grandes defensores del incremento impositivo a los más ricos.
El único punto dudoso en su expediente en ese “socialismo” autoadjudicado es su postura sobre el control de armas en el país, ya que en alguna ocasión se ha opuesto a proyectos de ley para su endurecimiento.
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