Raúl Ortega se levanta a las 4:00 de la mañana para ir a pescar, oficio que ejerce desde hace ocho años. Se dirige hacia la represa Las Canoas. Camina tambaleante sobre unos troncos secos que él y otros compañeros de pesca han colocado cuidadosamente para no quedar atrapados en el fango y morir.
Se sumerge hasta el pecho en uno de los pocos “charcos” que quedan —más lodo que agua— y lanza su atarraya con la esperanza de atrapar algo. “Solo lodo queda”, comenta entristecido, puesto que la represa que le proveía trabajo y alimento a él y su familia está casi seca.
En este poblado existen alrededor de diez pescadores, pero también llegan pobladores de Las Torres, La Concha, El Ventarrón, La Empanada, La Ceiba, La Cruz, Teustepe “y gentes de otros lados a echar su pescadita los domingos y los sábados”.
María Molina tiene un comedor en Sinica, poblado aledaño a la represa. Camina diez kilómetros diarios para poder obtener un poco de agua de un pozo que abastece a la zona. “Aquí todas las casas de alrededor vivimos de la pesca, los animales se están muriendo, se quedan pegados en el lodo, las áreas verdes están perdidas, se secaron, ni para bañarnos tenemos agua”, argumentó molesta.
Los comedores aledaños a la represa servían de atractivo turístico, puesto que había abundante vegetación y una gran vista de la misma.
NADIE DICE QUÉ PASA
Nadie da respuesta por la represa. La alcaldesa de Teustepe no se encontraba en la Alcaldía, pero funcionarios de la misma afirmaron que esta ahora está en manos de Enacal.
LA PRENSA buscó información en el recinto de esa empresa ubicada en la base de la represa y la única respuesta que se obtuvo fue que esta solo pueden facilitarla en Managua.
La represa es abastecida por los ríos que bajan de las comunidades La Empanada, Las Limas y de los municipios de Boaco, San José de Los Remates y Teustepe, pero ahora solo es adornada por el “dorado” pasto sin vida.
“Enacal solo abastece lo urbano”, declaró Mario Obando, jefe de filial Enacal Teustepe. En la ciudad se les da agua día de por medio y solo llega de noche y en muy poca cantidad, según algunos pobladores. “Se abastecen diez barrios, que son aproximadamente mil usuarios, y alrededor de cinco mil personas”, agregó.
“Aquí no hay supervisión de nadie y nadie se queja, nadie dice nada”, comentó María Molina.
Mientras tanto, Raúl Ortega tendrá que seguir caminando una hora entre el fango seco de la represa para poder encontrar un poco de agua dónde pescar y así darle sustento a su familia.
“Los pescadores ya no tenemos dónde pescar, los pescados se están muriendo ¿y ahora de qué vamos a vivir si ese es el trabajo de
nosotros?”
Raúl Ortega, al referirse a la represa Las Canoas.
MUCHA INVERSIÓN
Algunos pobladores cercanos culpan a las arroceras por haber secado casi en su totalidad la represa. “Tal vez sea por el mal invierno del año pasado y el verano terrible de este”, comenta José Jarquín, ganadero y agricultor de la zona, quien ahora debe comprar pasto e invertir mucho más dinero para que su ganado no se muera.
“Este año no se ha cosechado nada, he perdido como dos mil dólares en trigo y maíz que no he podido cosechar (…). Estamos esperando la lluvia para que se llenen los ríos”, agregó.
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