Los equipos de rescate empezaron ayer a llevar ayuda a las víctimas del terremoto en las zonas más remotas de Nepal tras el sismo del sábado, que ha dejado 5,057 muertos, 10,000 heridos, de acuerdo con registros del Ministerio del Interior y ocho millones de damnificados, según la ONU.
Una nueva avalancha dejó, además 250 desaparecidos en la región de Ghodatabela, cerca del epicentro del terremoto, por donde pasa una concurrida vía de senderismo, declaró un responsable local, Uddhav Prasad Bhattarai. En Gorkha, uno de los distritos más castigados por el sismo, un periodista vio desde un helicóptero del Ejército indio a los habitantes alzando los brazos al cielo pidiendo agua y comida y muchas casas destruidas en medio de pilas de madera y techos de metal.
Aviones militares de varios países, entre ellos Estados Unidos, China e Israel, participan en las tareas de ayuda. “Nos llegan peticiones de ayuda de todas partes (…), pero no hemos sido todavía capaces de empezar el rescate en muchas zonas porque nos falta equipamiento y socorristas expertos”, reconoció el primer ministro Sushil Koirala, quien decretó tres días de luto nacional.
El terremoto provocó también una avalancha en el Everest, que sepultó una parte del campo base en plena temporada de ascenso, dejando 18 muertos.
CONFUSIÓN EN KATMANDÚ
En la capital miles de personas empezaron a salir de la ciudad en autobuses abarrotados con gente sentada en el techo que quería volver a sus pueblos de origen. También se veían largas colas en las gasolineras y los supermercados, tomados de asalto para hacerse con productos básicos, como arroz o aceite para cocinar.
Quienes decidieron quedarse durmieron a la intemperie en tiendas improvisadas porque han perdido sus casas o por el miedo a las réplicas si vuelven a sus hogares.
“Llevamos aquí tres días, viviendo debajo de lonas. Contamos cada bocado, cada gota de agua”, dijo Rama Shrestha, una ama de casa de 28 años instalada a la intemperie con su hijo de 5 años. “Y encima ahora se pone a llover. ¿Qué podemos hacer, dónde podemos ir? Estamos demasiado asustados para volver a casa”, afirma.
Los hospitales y las morgues de la ciudad están llenos y los médicos trabajan sin descanso para atender a las víctimas, muchas de ellas traumatizadas o con fracturas múltiples.
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