El estilo y legado de doña Violeta

En el 25 aniversario de la toma de posesión de mi madre, Violeta Barrios de Chamorro, uno de sus más estrechos colaboradores, el doctor Tomás Delaney, hablando en nombre de la Fundación VBCh pronunció lo que en mi opinión es la mejor síntesis de lo que fue su estilo de gobierno y su legado histórico.

En el 25 aniversario de la toma de posesión de mi madre, Violeta Barrios de Chamorro, uno de sus más estrechos colaboradores, el doctor Tomás Delaney, hablando en nombre de la Fundación VBCh pronunció lo que en mi opinión es la mejor síntesis de lo que fue su estilo de gobierno y su legado histórico.

Delaney fue viceministro de la Presidencia para asuntos de Estado y Director de Asuntos Legales de la Presidencia, teniendo a su cargo las relaciones institucionales y legislativas de la Presidencia.

Como este país es uno de escasa memoria histórica y, además, hace 25 años ni siquiera había nacido la mayoría de la población actual de Nicaragua, he decidido usar esta columna para hacer una síntesis de lo que fue la exposición magistral que tuvo lugar la noche del pasado 24 de abril en el Hotel Intercontinental Metrocentro, evento auspiciado por la Fundación Violeta Barrios de Chamorro y Hagamos Democracia. (La exposición completa la pueden obtener en la Fundación).

Delaney cita a doña Violeta: “Al principio no me entendieron. Ahora todo se ve mejor, se logra apreciar de una manera más clara lo que fue esa triple transición” y luego elabora diciendo que fue “un gobierno de actitudes”, un gobierno donde se impuso la voluntad política sobre las adversidades, de allí que la primera condición fundamental para hacer un buen gobierno es la voluntad y las buenas intenciones.

Al asumir su mandato se encontró con instituciones y un andamiaje legal que no respondían al modelo de democracia que ella quería impulsar, sino a un modelo totalitario y a una economía estatizada. No tenía un partido, porque la UNO era una alianza electoral, solo tenía el mandato popular para cambiar el país y un reducido grupo de colaboradores. Ni siquiera tenía el control del poder legislativo.

Contaba sí con una visión de estadista natural y una vocación democrática inspirada y forjada en el ejemplo de la lucha de mi padre y una inmensa voluntad política para lograr su misión.

Comprendió entonces que su fortaleza estaba en la institucionalidad y decidió gobernar con la Constitución y las leyes existentes, aunque le fuesen adversas. En lugar de buscar como evadir las leyes o cambiarlas para hacerlas a su imagen y semejanza, como ha sido la tradición histórica en Nicaragua, fue la primera en respetarlas.

La oposición sandinista de ese entonces se quedó desconcertada, no estaba acostumbrada al imperio del derecho y tampoco podía oponerse institucionalmente porque eran sus propias leyes las que se estaban haciendo cumplir. Recurrieron entonces a la violencia.

Según Delaney, intentaron desestabilizar al Gobierno con huelgas, asonadas y tomas, pero no pudieron contra la legitimidad y carisma de doña Violeta. Poco a poco los marcos legales y las instituciones comenzaron a cambiar y acomodarse al proceso de transición. Comenzó la reforma del Estado y la transformación del país.

Y fue así que logró su cometido cumpliendo con el mandato popular de cambiar el país, logrando culminar, lo que se ha llamado “la triple transición”: de la guerra a la paz, de una economía estatizada a un sistema de libre empresa y de un régimen totalitario a una democracia liberal.

Lo logró con su estilo y su ejemplo, una cualidad fundamental es la humildad. Pidió perdón a Nicaragua por no haber podido cumplir en todo. No se aferró al poder, nunca pretendió reelegirse porque comprendió que el fin último y la esencia de la institucionalidad democrática es la alternabilidad en el poder. Nunca anduvo con ínfulas de caudillismo, no se enriqueció y se retiró a su casa sin haberse robado un centavo.

Como parte de su visión de estadista, con mucha inteligencia, supo comprender sus limitaciones y nunca pretendió ser dueña de la verdad. Escogió a sus colaboradores con base en sus méritos personales, académicos y profesionales, no por su filiación política y los empoderó.

Es decir, les dio autoridad, incluso para escoger a sus propios equipos de trabajo, pero los hizo responsables directos y personales por los resultados. Una de las claves de su buena gobernanza, concluye Delaney, es que su gobierno no fue partidario y al concluir su misión, todos sus funcionarios se retiraron a sus casas y a sus ocupaciones, algo inédito en Nicaragua.

El autor es diputado de la Bancada de la Alianza PLI

Columna del día Violeta Barrios de Chamorro archivo

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