La alcaldesa de Baltimore, Stephanie Rawlings-Blake, declaró anoche el toque de queda en la ciudad y anunció que la Guardia Nacional se desplegará en cuanto sea posible para hacer frente a las violentas protestas desencadenadas tras la muerte, el 19 de abril, de Freddie Gray, un joven negro que estaba bajo custodia policial cuando falleció. La nueva escalada de violencia estalló ayer tras los funerales de Gray: los manifestantes destrozaron varios patrulleros, uno de los cuales fue incendiado y varias personas destruyeron una farmacia, donde se registró un incendio. El último balance policial cifró en 27 los detenidos y 15 agentes heridos, dos se encuentran en estado grave. El gobernador de Maryland, Larry Hogan, había declarado el estado de emergencia. Varias investigaciones oficiales han sido iniciadas para determinar las circunstancias en que se produjeron las heridas de Gray, entre ellas una federal por parte del Departamento de Justicia. Cuando Gray falleció su columna vertebral estaba seccionada a la altura de las cervicales, según los abogados de la familia. La policía de Baltimore aceptó que el joven tendría que haber recibido asistencia médica tras ser arrestado.
Ver en la versión impresa las páginas: 12 A