La conciencia culpable del hombre blanco sirve de combustible para dos piezas de escapismo que coinciden fortuitamente en nuestra pantalla. Desde la oscuridad es una película de horror, En la mira es una pieza de acción. Las dos piden disculpas por la victimización de nuestros pueblos, pero cobran por ello en la taquilla.
Desde la oscuridad se desarrolla en un pueblito costero colombiano. Sarah y Paul Harriman (Julia Stiles y Scott Speedman) viajan hasta allí desde Londres para que ella asuma la dirección de la fábrica de papel fundada por su padre, Jordan (Stephen Rea). Llevan consigo a su hija Hanna (Pixie Davis). Llegan justo para presenciar la fiesta de los “Niños Santos”, pero algunos de ellos son realmente fantasmas, que secuestran a Hanna como parte de una complicada venganza. No se preocupe. El misterio es claro y se declama con diálogos ilustrativos. Los pobres actores, atrapados en simples bosquejos de personajes, gesticulan en exceso para compensar la falta de humanidad. Los sustos tienen la calidad de un reflejo involuntario. Ver la película es como pasar hora y media en casa, con un niño saltándole detrás de cada puerta gritando “¡buuu!” La única novedad es que el repunte sonoro que suele acompañar al shock está elevado a volúmenes ensordecedores. No sé por qué los espíritus vengativos toman tantos rodeos para dispensar sus venganzas. Quizás tienen demasiado tiempo que matar en el más allá.
Si Desde la oscuridad tiene el acabado de una producción independiente de bajísimo presupuesto, En la mira ( The Gunman ) es euro-basura bruñida en tonos brillantes a punta de cámara digital. Terrier (Sean Penn) es un contratista de seguridad en El Congo, viviendo un romance con Annie (Jasmine Trinca), una compasiva doctora de ONG. En realidad, Terrier pertenece a una célula de mercenarios preparándose para matar a un burócrata que se interpone en los intereses de una transnacional minera. Años después se sorprende en la mira de una conspiración que apunta a exterminar a todos sus compañeros de terrorismo.
Es ridícula la cantidad de talento actoral involucrada. Además de Penn, tenemos al español Javier Bardem, los británicos Ray Winstone y Mark Rylance y el norteamericano Idris Elba. Todos ellos están desperdiciados. Solo infunden la ilusión de que algo significativo está a punto de pasar. En la mira es como un refrito de las viejas películas de acción en las que los hombres eran bien machos y las mujeres eran trofeos decorativos. El director Pierre Morel convirtió a Liam Neeson en una madura estrella de acción y ahora apunta a hacer lo mismo por Penn. El actor, de 55 años, se compromete a fondo. Ejecuta con rigor las intrincadas coreografías de las peleas y los tiroteos. Exhibe una musculatura que sonrojaría a Arnold Schwarzenegger.
También muestra sus habilidades de surfista en una escena completamente innecesaria para reforzar las credenciales de buena gente del personaje. Pero dudo que En la mira se convierta en una franquicia al estilo de Taken . Cualquiera conectaba con la furia del padre protegiendo a su familia, pero el complejo de culpa del blanco anglosajón del siglo XXI es un concepto más abstracto.
* Fe de Errata: en la columna del domingo 19 de abril identifique erróneamente a Nicholas Sparks como autor de la novela en la que se basa Los puentes de Madison . El verdadero autor es Robert James Walleros.
Ver en la versión impresa las paginas: 19