La leyenda de Las Villi

El Teatro Nacional Rubén Darío de Managua anunció que a principios de mayo próximo pondrá en escena la ópera Le Villi .

El Teatro Nacional Rubén Darío de Managua anunció que a principios de mayo próximo pondrá en escena la ópera Le Villi .

Se trata de una obra de Giacomo Puccini, la menos conocida de todas las que produjo el gran compositor italiano de fines del siglo 19 y principios del 20. En marcado contraste con las famosas óperas de Puccini: La Bohemia , Tosca y Madame Butterfly , que ocupan los lugares tercero, cuarto y sexto entre las que más se presentan en el mundo, Le Villi ocupa un lejano lugar 169.

Se trata de la primera ópera que compuso Puccini y la hizo para un concurso de óperas nuevas de un solo acto. Fue un fracaso, pero después la recompuso, la amplió de uno a dos actos y Le Villi recibió entonces el aplauso condescendiente del público, aunque no se convirtió en una obra clásica como las antes mencionadas: La Bohemia, Tosca, Madame Buterfly, Turandot y otras que son muy apreciadas por los aficionados a la buena música y el canto bello.

El tema de Le Villi es mitológico. Su libreto se basa en un cuento del periodista y escritor francés del siglo 19, Alphonse Karr, titulado igual que la ópera. Se refiere a unos seres femeninos de la mitología nórdica y eslava llamados Villis, parecidas a las ninfas de la mitología griega que moraban en los bosques, las montañas y las aguas.

Según las antiguas creencias populares europeas, nórdicas y eslavas, en general las Villis son espíritus femeninos que viven en las nubes, las praderas, los árboles, los lagos, las lagunas y los mares. Tienen poder sobre las tormentas y otros fenómenos de la naturaleza y además poseen la facultad de castigar a los seres humanos por algunas de sus malas acciones, por ejemplo en las relaciones de amor.

Las Villis son muy hermosas y cantan maravillosamente. Se dice que las personas que las escuchan quedan en trance y durante días dejan de comer, beber y dormir, solo se dedican a soñar.

Ellas tienen poderes mágicos que ayudan a la gente, pero cuando quieren castigar a un hombre lo atraen a bailar sin descanso, a veces hasta dejarlo exhausto pero en otras ocasiones, según el caso, hasta hacerle morir.

En el cuento de Alphonse Karr y el libreto de la ópera de Puccini, las Villis son espíritus fantásticos que representan a las almas de las mujeres que han sido abandonadas o traicionadas por sus amantes y cobran venganza sobre ellos.

La ópera de Puccini narra la historia romántica y trágica a la vez de Ana y Roberto, una pareja de campesinos alemanes que vivían donde ahora es el estado de Renania-Palatinado. Ana y Roberto se casan en su aldea pero inmediatamente después el flamante novio tiene que viajar a la ciudad de Maguncia, para recibir una herencia con la que ha sido favorecido. Ana lo deja ir pero tiene un presentimiento muy triste que la llena de congoja pero no lo puede definir.

Durante el viaje a Maguncia Roberto es seducido por una bella sirena que rápidamente lo hace olvidar a su amada Ana y abjurar de las promesas de amor eterno que le hizo ante el altar.

Por el sufrimiento infinito que le causa el abandono de Roberto, Ana enferma y muere de tristeza y desamor.

Cuando los familiares y amigos de Ana llevan su cuerpo muerto hacia el panteón, para darle sepultura, las Villis, que en este caso son los espíritus de las mujeres que han sido abandonadas y traicionadas por novios o maridos, bailan, acechan a sus amantes infieles, entran en relación con ellos y los hacen bailar hasta morir.

El padre de Ana, Gugielmo, llora sin consuelo por la muerte de su hermosa pero infortunada hija y mientras se dirige a su casa, de regreso del panteón, escucha las voces de los espíritus femeninos que claman castigo.

Entre tanto Roberto se ha liberado del hechizo de la sirena y, arrepentido, regresa a su aldea y su casa. Pero es demasiado tarde. Ana ha muerto e incluso ya ha sido sepultada.

El espíritu de Ana aparece ante Roberto, se juntan y son rodeados por las Villis. Estas asedian a Roberto, lo obligan a bailar con Ana una y otra vez, sin descanso, hasta que el joven muere en los brazos del espíritu de su amada.

Columna del día Teatro Nacional Rubén Darío archivo

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