Inversiones tontas
El mundo arde a temperaturas nunca antes vividas. El desierto avanza implacable. El mar se mete a nuestras costas. Una treintena de pueblos claman en Nicaragua por agua para beber. En todo el país se raciona la entrega de agua y se activan las alarmas por todo el mal que se nos viene por el llamado “cambio climático”. Mientras todo eso pasa, ahí vamos nosotros gastando unos tres millones de dólares en la siembra de arbolatas amarillos por toda Managua y creyendo que un Canal que cruce, y posiblemente destruya, la mayor reserva de agua de Centroamérica será la solución a todos nuestros problemas. ¿Cuál es el plan? ¿Comprar agua embotellada del extranjero con el dinero que ganemos con el Canal? ¿Llenar el país de aires acondicionados para no morir achicharrados? Las generaciones que vienen nos maldecirán por la herencia que les dejamos.
Orden del comandante
Un día la Policía desata una verdadera cacería en las calles, multando a mansalva a los conductores, con ley y sin ley. De repente se volvió una proeza andar por las calles de Managua sin ganarse una multa o terminar con su vehículo en el depósito. Florecieron las filas en los talleres y en las estaciones de Policía. Los unos pagando sus chequeos y los otros las multas. De la depredación recaudatoria se pasó a una extraña tregua en Semana Santa y a una todavía más incompresible prórroga por casi un año más en las multas por chequeos. Ya se va volviendo costumbre. Primero nos garrotean hasta donde aguantemos y luego llegan a sobarnos los chichotes, por orden del comandante.
Cédulas
Lo mismo pasó con las cédulas. Por un lado, la exigen en todo trámite ciudadano y por el otro convierten en una odisea el proceso de sacarlas. De tal forma que ser ciudadano o no es una concesión del comandante y no un derecho de quienes nacimos y vivimos en este país. A la par montan un negocio, donde por un módico precio de un dinero que no sabemos a qué manos va, se entrega ciudadanía expedita. A trescientos córdobas el cliente. Amenazan con un ultimátum a quienes no se someten a la extorsión y por arte de magia florecen las filas. Negocio redondo. Una vez que se llenan los bolsillos, llega el comandante con otra prórroga.
Desmadre
Siempre escucho la misma justificación: “Es que los nicaragüenses dejamos todo para el último momento”. Y puede que haya algo cultural que explique esas larguísimas filas de última hora en los talleres, pero fijemos bien quién es el principal responsable de todo el desmadre. ¿Qué sentido tiene que en Managua solo una veintena de talleres tengan autorización para hacer el chequeo mecánico y menos aun para el de emisión de gases? ¿Por qué los más grandes talleres como Pellas, Grupo Q, Deshon, Excel u otros no pueden ofrecer este servicio a sus clientes? ¿Por qué la Policía entrega a cuentagotas a los pocos talleres autorizados los formatos para chequeo de tal forma que con frecuencia usted pierda su día haciendo una fila para que al final le digan que vuelva mañana porque ya no quedan formatos? No es, señores, que haya incapacidad para atender la demanda, lo que hay es una intención deliberada para que el sistema no funcione.
Al revés
Ya son demasiadas las instituciones o gestiones cuya función parece ser ahora exactamente la contraria a la que les dio origen. El ejemplo más patético de todos es el Consejo Supremo Electoral, cuya función es hoy por hoy, impedir elecciones libres en Nicaragua. Igual pasa con el chequeo mecánico y el de emisión de gases. Buscaban cómo los carros circularan con mayor seguridad y sin contaminar por las calles y carreteras. No son para conseguirle una clientela cautiva a los talleres que la Policía quisiera premiar ni para recaudar más impuestos por esa vía y mucho menos para que alguien salga repartiendo favores al decidir cuándo se hace y cuándo no.
Perdona vidas
La verdad aquí no necesitamos un comandante que nos esté perdonando la vida. Lo que queremos es que los policías pongan las multas cuando haya mérito para ello, según lo establece la Ley, y no para cumplir metas de recaudación cuando necesitan dinero. Lo que necesitamos no es que den prórrogas a los chequeos, sino que se dispongan más talleres que hagan ese trabajo y no lo conviertan en un proceso tortuoso y a veces imposible. Lo que necesitamos aquí son reglas claras, facilidad para cumplirlas y ningún gamonal que salga perdonándonos la vida después de que él mismo nos la está haciendo de “a cuadritos”.
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