La Orquesta ha celebrado tres años, esta vez en el Salón de los Cristales del Teatro Nacional Rubén Darío, bajo las batutas maestras de César Bermúdez y Ramón Rodríguez, gracias al empeño tesonero de este último.
El mentor por excelencia de haberla puesto en una posición estable y con perspectivas de llevarla a una radiante evolución con la evidencia de contar con una juventud, dispuesta a ser factor humano para su desarrollo.
Me constan las gestiones que el instructor original —Ramón— hizo ante diversas organizaciones merecedoras de ser catalogadas como mecenas para conseguir además la instrumentación adecuada y concebir mediante la actuación sostenida (cien conciertos en tres años) la constitución de un semillero ideal para encender las luces hasta este momento ausentes de lo que sería la deseada Orquesta Sinfónica Nacional adulta, representativa de los lauros culturales que Nicaragua merece tener en los proscenios desarrollados
La orquesta sonó desde que el director César Bermúdez hizo la ceremonia de bienvenida con la obertura Coroliano de Beethoven. Debía erguirse ante el patricio y reflejar con la fortísima instrumentación el carácter inflexible del héroe. En todo el trayecto de la obertura la energía juvenil hizo honor a su nombre. Supo comportarse para comunicar —vivamente— los primeros acordes superados en la evolución épica por la convulsión homogénea aunque contrastante en los pasajes donde bien pudo apreciarse la antítesis en el motivo melódico
En la segunda parte correspondió a Ramón Rodríguez la dirección del Allegro de la Sinfonía 40 de Mozart calificada por Schumann como “una fluctuante gracia helénica”, una joya, el motivo rítmico de tres notas que fue el ejemplo que pudo darse de la filigrana musical.
El cumpleaños fue coronado por los fragmentos modernos del West Side Story , de Leonard Bernstein.
Ver en la versión impresa las páginas: 7 B