Es el mismo que patina en el Paseo Xolotlán y el parque Luis Alfonso. Sí, el mismo que se disfraza primero de Ironman y después de capitán América y pelea con El Soldado del Invierno. Aquí, sin máscaras, ni patines, en esta calle de concreto hidráulico del barrio Camilo Chamorro, Jordan Ballesteros está anotando al último niño que le acaba de pagar diez córdobas por alquilarle un par de patines por media hora.
Desde hace algunos meses, Ballesteros ha improvisado una empresa-escuela de patines en el barrio Camilo Chamorro que está sobre la Carretera Norte. De la terminal de la ruta 6, dos cuadras abajo, está la calle asfaltada donde después de las cuatro de la tarde, niños y niñas van y vienen en patines. Algunos intentan hacer los trucos que le han visto hacer a Jordan cuando se pone el traje de Ironman en el Luis Alfonso.
“Dale, saltá sobre la piedra”, le pide una niña a un niño que se distancia de la piedra unos treinta metros para agarrar impulso, y cuando está a escasas pulgadas salta por encima de ella.

LA PRENSA/ A. MORALES
Ballesteros, quien tiene inconclusos sus estudios de magisterio, comenzó con la escuela hace unos meses. Llegaba al Camilo Chamorro a visitar a una amiga cuando vio la calle recubierta con concreto hidráulico y pensó que era propicia para alquilar patines y enseñar a patinar. Así lo hizo. Del dinero que recoge en los shows del Luis Alfonso y el Paseo Xolotlán ahorró y se compró una paca de patines. El paquete apenas traía unos cinco pares y unos cuantos pares de zapatos con ruedas. Con esos pares arrancó el alquiler. Sobraron los niños que lo reconocieron porque lo habían visto vestido de Ironman en el parque, haciendo alarde de su destreza con los patines junto a su colega Elman Mercado, quien se disfraza primero de Michael Jackson, y en patines baila y luego es El Soldado del Invierno.
La historia de Jordan y Elman es casi épica. Se conocieron en patines, a través de otro amigo en común. Tiempo después Jordan le propuso a Elman patinar por las calles capitalinas y usar máscaras. A Elman le sonó extraña la propuesta de la máscara, pero al poco tiempo accedió a ponerse máscaras y montar un espectáculo corto en patines para niños.
BATALLA EN EL PARQUE
El espectáculo que ahora dura de 15 a 20 minutos tuvo tanta acogida que no tuvieron más remedio que mejorarlo y repetirlo muchas veces. De esas repeticiones y de lo que recaudan de esas batallas ficticias entre Ironman y El soldado del Invierno, están sobreviviendo Elman y Jordan. Al final de cada espectáculo, pasan la gorra y recogen lo que el público quiere dar. A veces pueden ser doscientos, otras ochocientos pesos.
“¿Levante la mano quién ha visto a Ironman?”, pregunta Jordan a los niños que esta tarde de jueves están en la calle de concreto hidráulico del barrio Camilo Chamorro. Alrededor de ocho levantan la mano. En parte, por eso no han dudado en dejar atrás los programas televisivos vespertinos y rogar por diez o veinte pesos a sus papás para alquilar los patines y lograr algunos consejos de Jordan, que permanece en el barrio hasta las 9:00 p.m.
Al atardecer llegan más. Mujeres, muchachas, mamás con sus hijos, hay fiebre por aprender a patinar.
Jordan tiene alrededor de treinta pares de patines. Todos adquiridos en pacas. De las pacas también extrae materiales para repararlos.
Hay días en que es tanta la demanda que no se da abasto, dice. Al final de la jornada los patines los guarda donde doña Alba Rivas, la propietaria de una pulpería a la que le ha gustado la idea porque es sana. “Estos muchachos no beben, no fuman, es algo sano esto”, comenta Rivas.
Este negocio informal le puede dejar doscientos o setecientos pesos en una jornada. “Con este dinero he mejorado mi casa”, dice Jordan habitante del barrio Villa San Jacinto, donde vive con su hermana y su mamá.
En las calles de Villa San Jacinto dejó sus primeros raspones en las rodillas cuando aprendía a patinar, a los ocho años más o menos.

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A Jordan le gustaría replicar la experiencia en otros barrios porque ha visto que a los chavalos les encanta patinar y se entusiasman con los trucos, pero por ahora no puede: le falta tiempo y personal. Los fines de semana, le encarga a un amigo el negocio del Camilo Chamorro mientras él se va al parque Luis Alfonso o al Paseo Xolotlán, donde Elman, disfrazado de El Soldado del Invierno, espera a Ironman para la batalla final que volverá a repetirse cada hora. En ese cuarto de hora, Jordan se olvida de su negocio y vuelve a ser un niño.
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córdobas cuesta el alquiler de un par de patines durante media hora. Los niños del barrio Camilo Chamorro alquilan los patines por una hora como mínimo. Es común que lleguen hermanos, primos y hasta las mamás a patinar.
TRANSPORTE EN DOS RUEDAS
Jordan, de 22 años, viaja en patines del Camilo Chamorro para su barrio, en el mismo distrito VI de la capital. Dice que primero le pide “ride” (aventón) a una caponera. Eso significa agarrarse de alguna parte del pequeño vehículo. Así llega hasta la salida del barrio Hugo Chávez, donde luego pide aventón a otro vehículo que vaya en la dirección de la pista del Iván Montenegro. Impulsado por otros vehículos, o por él mismo, termina llegando a su casa en Villa San Jacinto. Así, sobre patines se mueve por gran parte de la capital.
PATINAR POR ROTONDAS
A Jordan Ballesteros y su amigo Elman Mercado, dos veinteañeros, es común verlos en algunas rotondas haciendo publicidad de algunos negocios. Es otra forma de obtener ingresos, explica Jordan, quien no ha concluido estudios de magisterio. Elman, estudiante en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, UNAN-Managua, también ha creado su propia escuela y alquiler de patines en otro barrio capitalino. Está pensando en formalizar pronto su negocio para acceder a financiamiento y tener seguro social. Además de Elman y Jordan hay otros muchachos que apoyan los espectáculos y que usan patines para distribuir publicidad.
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