El último chance de alcanzar viabilidad

El crecimiento promedio anual de la economía de Nicaragua entre el 2006 y el 2014 fue de apenas un 3.6 por ciento y por el lado de la demanda, poco más de cinco sextos de ese crecimiento tuvieron su origen en la expansión del consumo.

El crecimiento promedio anual de la economía de Nicaragua entre el 2006 y el 2014 fue de apenas un 3.6 por ciento y por el lado de la demanda, poco más de cinco sextos de ese crecimiento tuvieron su origen en la expansión del consumo.

Este último, a su vez, ha sido impulsado por el aumento del ingreso disponible —debido al crecimiento de las remesas familiares, la mejoría en los términos de intercambio y de la masa salarial real, que obedeció sobre todo al crecimiento del empleo, porque los salarios reales declinaron— y por la expansión del crédito al consumo.

La inversión privada durante este período mostró una pronunciada anemia. El crecimiento exportador se vio contrarrestado por el crecimiento de las importaciones, aunque la desaceleración de estas, en los últimos años, ha ejercido una influencia positiva.

Por el lado de la oferta, el crecimiento de la economía se explica, fundamentalmente, por el fuerte crecimiento experimentado por la fuerza de trabajo ocupada, como resultado del bono demográfico y de género, a una tasa promedio por encima del 6 por ciento anual.

Sin embargo, debido a que el crecimiento del empleo resultó en más de dos terceras partes del masivo incremento del empleo informal —entendiendo por este al empleo de muy baja productividad— la productividad promedio de la economía declinó.

Si uno observa, nota un impulso primario-exportador, un desarrollo de los servicios (comercio importador, finanzas, turismo, y sobre todo comercio y servicios informales) y un proceso nulo de industrialización. Según el Banco Central de Nicaragua el PIB de la rama textil se derrumbó en 24 por ciento en ese periodo.

No ha existido un esfuerzo por diversificar el aparato productivo y la canasta exportadora hacia bienes de mayor valor agregado, mayor densidad tecnológica y de encadenamientos, y alto dinamismo de la demanda.

Solo esto hubiese permitido que la economía comenzase a generar, de manera predominante, empleos de creciente calidad. La ausencia de un esfuerzo nacional por diversificar la economía y desarrollar la capacidad tecnológica determinó que la inversión, más allá de la inversión residencial, resultase marcadamente insuficiente para sustentar una tasa de crecimiento sostenido a mediano y largo plazo.

La inversión pública en infraestructura y capital humano ha resultado mínima, en comparación a lo que hubiese requerido un esfuerzo de desarrollo y transformación estructural orientado a aprovechar, como es debido, el bono demográfico. En consecuencia, existe un enorme déficit de infraestructura, y el nivel de escolaridad, y la calidad de la educación, siguen siendo deplorables.

Existe además una concentración del ingreso de gran magnitud, debido a que la inversión se ha concentrado en sectores en los que existen importantes economías de escala, y en una economía tan pequeña, ello da origen a un elevado poder de mercado, acompañado con frecuencia por el otorgamiento de privilegios fiscales. La participación relativa de los sectores medios se ha deteriorado, y la mayor parte de la población sobrevive con ingresos muy bajos.

El sector energético se ha convertido en un cuello de botella, debido a que las enormes ineficiencias y los precios negociados sin mediar licitación se traducen en tarifas excesivamente altas.

Como usted sabe, el precio de la energía eléctrica no es un precio como cualquier otro. Se trata del precio de un insumo fundamental, el cual afecta toda la cadena de costos y precios de la economía, la competitividad internacional de sus diversos sectores y ramas, las posibilidades de diversificación, y el poder adquisitivo general de la población.

Nicaragua ha entrado en una cuenta regresiva sin retorno. El proceso de envejecimiento se está acelerando y en veinte años más el país arribará a la fase plena o avanzada del envejecimiento de su población. Esta es la última oportunidad de alcanzar viabilidad como país.

La posibilidad de que Nicaragua tenga un futuro distinto, depende de las oportunidades que tengan hoy las personas —los niños, los jóvenes, los adultos y las mujeres— para desarrollar y desplegar plenamente sus potencialidades, y en particular, de que la creciente fuerza de trabajo encuentre empleos de creciente calidad, que hagan posible una vida más plena y digna.

*Economista

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