“Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios”, escribió el apóstol Pablo en su primera carta a los Corintios.
Los cristianos no podemos seguir y enseñar a un Cristo sin el sacrificio de la cruz. Porque Dios Padre escogió, con un propósito especial, esa muerte tan cruel para su Hijo.
La cruz, para el cristiano, es el símbolo del sacrificio de amor que hizo Jesús por nosotros. Es la representación más evidente de la entrega total que hace el Hijo de Dios por la humanidad. Para demostrarnos su amor dejó su reinado, su divinidad, bajó del cielo, convivió como uno más de nosotros y siendo el hombre más puro sobre la tierra, fue hasta la cruz para salvarnos.
¿Por qué debía morir en una cruz para demostrarnos su amor? El profeta Isaías nos contesta cuando dice: “Ciertamente llevó Él nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas Él herido fue por nuestras rebeliones, por nuestros pecados molido; el castigo de nuestra paz fue sobre Él, y por sus llagas fuimos nosotros curados”. Isaías 53: 4, 5.
El Antiguo Testamento nos muestra cómo el pueblo de Dios ofrecía sacrificios para alcanzar su misericordia. En los tabernáculos sacrificaban animales físicamente perfectos, para estar en paz con Dios. De modo que Jesucristo se ofreció ante Dios padre como el “Cordero que quita el pecado del mundo”. Su muerte en cruz es la esencia del Evangelio, porque todo aquel que reconozca el sacrificio de Jesucristo en la cruz, será justificado ante el padre y alcanzará la salvación.
Jesucristo se entregó para que creamos en Él y tengamos gracia delante del Padre. Es su sangre la que limpia nuestras iniquidades, todas aquellas actitudes que nos alejan de Dios. Ante esto, solo podemos tener un corazón desbordado en agradecimiento por aquel que siendo puro, se manchó al cargar con nuestros pecados.
No fue en vano el sacrificio del hijo de Dios. Esa paga en la cruz debe darle sentido a nuestra vida, porque nosotros sin merecer nada, Él dio su vida para salvarnos a usted y a mí. Gracias a ese sacrificio, hoy tenemos el privilegio de acercarnos a ese amigo que nos ama, para que nos lleve hasta el trono del padre. Solo creamos en Él y sigamos con amor su ejemplo.
Jesucristo nos dice que para seguirlo debemos negarnos a nosotros mismos y cargar nuestra cruz. Esto significa que debe existir en nosotros una renuncia hacia nuestra debilidad humana que nos empuja a satisfacer el ego, el orgullo, el resentimiento, la lujuria y todo tipo de corrupción. Para que en Cristo nuestra vida se encamine hacia su ejemplo de amor y servicio.
Cuando una persona entrega su vida a Jesucristo, lucha por vivir como Él lo hizo: amando al enemigo, perdonando siempre, orando en todo tiempo y gozándose en el servicio; sabiendo que el Espíritu Santo de Cristo le dará las fuerzas para lograrlo, pues si nuestra voluntad es renunciar al mundo y parecernos a Jesús, estaremos dándole valor a su sacrificio, y al final, nos encontraremos cara a cara con Él en el reino de los cielos. El autor es Presidente de la Asociación Cristiana Jesús está Vivo
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