Un grupo que dijo ser una rama yemení del yihadista Estado Islámico (EI) se atribuyó la responsabilidad de los atentados suicidas de ayer en Saná, la capital de Yemen, que dejaron 142 muertos y 351 heridos, y dijo que era una advertencia del río que está por venir contra los hutíes.
Estos ataques son los más sangrientos desde que las milicias chiitas hutíes se hicieran con el control de Saná a inicios de enero en medio del caos propiciado por las milicias chiitas de los hutíes y los yihadistas sunitas de Al Qaeda, ambos hostiles al poder del presidente Abd Rabo Mansur Hadi.
OPERACIÓN BENDITA
El grupo publicó una declaración en línea diciendo que cinco atacantes suicidas llevaron a cabo lo que describió como una operación bendita contra las madrigueras de los chiíes, aunque la adjudicación no ofreció ninguna prueba del papel del EI.
De ser cierta, este atentado sería el mayor ataque cometido por simpatizantes del EI en Yemen y una señal ominosa de que la influencia del grupo que ya controla una buena parte de Irak y Siria se ha extendido a esta caótica nación.
La reivindicación fue publicada en la misma página web en la que una organización afiliada al grupo extremista en Libia se atribuyó la responsabilidad por el ataque el miércoles en el museo del Bardo en Túnez, y que dejó 21 muertos.
El portavoz de la Casa Blanca, Josh Earnest, señaló que Estados Unidos investiga la aceptación de responsabilidad del sector yemení del Estado Islámico. Señaló que Washington indaga para saber si el EI tiene una estructura de comando y control que les haya permitido coordinar el ataque. Pero también dijo que el EI a menudo admite responsabilidad de ataques por el puro valor propagandístico.
Earnest agregó que no hay evidencia clara que respalde la admisión de responsabilidad del EI del ataque del miércoles en Túnez.
ATAQUES A MEDIODÍA
Durante el rezo semanal de ayer a mediodía, un kamikaze se hizo explotar en la mezquita Badr, en el sur de Saná, seguido de otro en la entrada del mismo templo al tiempo que los fieles huían, según testigos. Un tercer kamikaze se hizo explotar en una mezquita en el norte de la capital. Los atentados se produjeron casi simultáneamente.
Los hutíes rezan en estas mezquitas y entre los muertos figura el imán de la mezquita Badr, un importante responsable religioso de la milicia, Al Murtada ben Zayd al Muhatwari, según una fuente médica.
Un cuarto atentado suicida tuvo lugar en Sada, bastión de los hutíes en el norte, donde un kamikaze se hizo explotar delante de una mezquita sin causar víctimas, después de que las fuerzas de seguridad le impidieran entrar, según una fuente próxima a la milicia.
En otros hechos, el presidente Hadi tuvo que ser evacuado el jueves hacia un lugar seguro después de que un bombardeo aéreo apuntara contra su palacio en Adén y de que sus fuerzas se enfrentaran contra las del general rebelde Abdel Hafez al Sakkaf, que rechazó ser destituido por el jefe del Estado. Las tropas fieles al presidente tomaron el control de Adén y Hadi apareció en público de nuevo rezando ayer en una mezquita de la ciudad.
Sakkaf, cuyos vínculos con los hutíes y el expresidente Alí Abdalá Saleh están comprobados, huyó hacia Saná pero su convoy cayó en una emboscada, según un responsable. Sakkaf salió indemne pero cuatro guardaespaldas perdieron la vida.
HUTÍES CON EL CONTROL
Mientras que las esperanzas suscitadas por la apertura de un diálogo, lanzado por la ONU, destinado a sacar al país de la crisis, están prácticamente muertas, los observadores afirman que hay un riesgo de que una guerra civil se desencadene.
Los hutíes tomaron el control de Saná con la toma del palacio presidencial el 20 de enero y con el estado de sitio impuesto en las residencias del presidente Abd Rabo Mansur Hadi y de otros responsables yemeníes.
El 6 de febrero, anunciaron la disolución del Parlamento y la puesta en marcha de un Consejo Presidencial. El presidente Hadi, que calificó los hechos de golpe de Estado, escapó a Adén, la capital del sur.
Desde la insurrección popular de 2011, en el marco de la Primavera Árabe, que propició la caída del presidente Alí Abdalá Saleh, el poder central se ha visto marginado por los hutíes y por AQPA (Al Qaeda en la Península Arábiga).
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