La próxima semana el Gobierno y el Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep) empezarán a discutir temas decisivos sobre el sector laboral. La Mesa de Salario, Empleo y Formalidad tendrá la responsabilidad de ahondar si es momento de cambiar la fórmula sobre la cual se ajusta semestralmente la paga mínima, o si conviene acelerar las reformas en materia educativa para elevar la calidad de la mano de obra y con ello la productividad del país. O impulsar una reforma combinada.
Acevedo explica que la economía de Nicaragua no ha estado en capacidad de absorber el fuerte crecimiento de la fuerza de trabajo, derivado del bono demográfico y de género, en gran medida porque quienes se incorporan a la actividad económica crean sus propios empleos, sin mucho acceso a los recursos y factores indispensables para generar empleos de mayor calidad.[/doap_box]
El origen de que hablen del tema es la ruptura del tripartismo en la Comisión Nacional de Salario Mínimo en los dos últimos años, causando que el porcentaje de ajuste anual a la paga mínima a nueve sectores de la economía lo decidiera el Gobierno.
EL “ATRACTIVO” DEL PAÍS
Que esos ajustes hagan que un trabajador con poca o ninguna calificación actualmente devengan salarios iguales o superiores a un profesional para Cosep socava el atractivo de Nicaragua para atraer inversionistas: ofrecer mano de obra barata.
“Las dos variables que teníamos para poder atraer inversión hoy —porque todavía no tenemos mano de obra calificada— son los salarios y el valor de la tierra, que comparativamente con la región son más bajos, de acuerdo al tamaño de nuestra economía”, explica José Adán Aguerri, presidente de la cúpula empresarial.
El Ministerio del Trabajo aprobó que en término anual el sector agropecuario reciba un aumento de 11.48 por ciento; las pequeñas y medianas empresas 9.8 por ciento, y el resto de actividades económicas el 10.98 por ciento. Estos porcentajes se aplican en dos partes iguales, por semestre.
“Ya los niveles de incremento de los salarios mínimos más el 47 por ciento de prestaciones sociales ya provocan que empresas de call center se vayan a Guatemala porque (ahí) la estructura (de costos) se ha vuelto más barata que la de Nicaragua”, afirma Aguerri.
“Empezamos a perder competitividad en atracción de inversiones”, lamentó.
Como efecto de los ajustes, por ejemplo, un trabajador de la construcción sin calificación recibe 6,761 córdobas, y tras el ajuste que recibirán en septiembre su salario superará lo siete mil córdobas, superior a la paga que reciben los maestros, por ejemplo, y a la de algunas ramas profesionales, como licenciaturas.
“Si esto sigue así, lo que fomentamos es que las personas que tienen que buscar cómo educarse para tener una mejor oportunidad de vida, lo desechen y esto desmotive la productividad laboral, la cual ya viene cayendo”, sostiene Aguerri.
En Cosep dicen que su propuesta va de la mano con un nuevo método de ajuste de los salarios y mayor inversión en educación.
QUE PRODUCTIVIDAD PESE
Juan Sebastián Chamorro, director ejecutivo de Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides), reitera que lo conveniente es que los salarios mínimos se ajusten conforme la productividad laboral.
“Una cosa que hay que entender es que ajustar salarios mínimos a la productividad no significa que serán menores a los ajustes actuales, pueden ser mayores”, dice Chamorro.
¿Cómo definirlo? “En la construcción y la industria es más fácil porque hay tablas de productividades por trabajador y esa información puede servir para definir políticas de incremento salarial a corto y mediano plazo”, explica Chamorro.
Reconoce que en sectores como el agropecuario ajustar la paga con base en la productividad será difícil.
“Lo que proponemos en Funides es que en un sector en particular se haga un piloto y vea el resultado para posteriormente replicarlo al resto. No hay que pensar que será aplicable en los diez sectores de una vez”, aclara.
REVISAR E INVERTIR EN EDUCACIÓN
A Cosep y Funides les preocupa que las políticas de desarrollo económico no contemplen acciones articuladas, y empeore el problema porque “sería parecido a jalar la carreta hacia distintos caminos”.
Piden una revisión profunda sobre el tema de la enseñanza en el país, partiendo de cuánto dinero se le destina.
“¿Se invierte en el lugar correcto? ¿Lo que hoy se invierte es productivo, se traduce en que las universidades dan a los profesionales con las capacidades que demandamos las empresas? ¿Investigan las universidades lo que requiere el país?
¿Los recursos en educación son consensuados en los programas efectivos?”, se preguntan los empresarios.
Cosep insiste en que la discusión de la Mesa de Salario, Empleo y Formalidad aborde esas interrogantes.
Funides plantea que premiar la productividad parte de que la misma se eleve “y sabemos que eso se logra a través de la capacitación y educación de los trabajadores”, dice Chamorro.
“Vas a tener en la práctica que los sectores más productivos saldrán beneficiados e incentivás al resto a demandar que esa política se les aplique. Con todo esto quien gana es el país porque propiciás un mayor crecimiento económico, y con ello el desarrollo”, afirma.
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