Manotazos contra el césped, algún que otro grito, brazos en jarra contrariado, lamentaciones por no marcar o desaparecer cuando el resto de jugadores del Real Madrid saludaban al público del Bernabéu fueron algunos de los gestos que mostraron la frustración de Cristiano Ronaldo, futbolista que lleva varios meses sin ser el que ganó un Balón de Oro hace tres meses.
Cristiano, enfadado ahora, se verá las caras con Lionel Messi el fin de semana que viene para intentar redimirse. Indudablemente, pese a su mala racha, es indispensable para Carlo Ancelotti, pero su estado anímico, cabreado con el mundo y consigo mismo no ayuda al colectivo. El individualismo puede llevar a la frustración y el Cristiano Ronaldo más individualista no es el mejor Cristiano.[/doap_box]
Ser Cristiano es complicado porque lleva marcando un nivel muy alto durante muchos años. Acostumbra a marcar sesenta goles y cuando marca cuarenta se mosquea. Le conocemos y no se le puede reprochar ningún gesto que haga, a no ser que sea contra algún compañero. Son contra sí mismo.
Así habló Sergio Ramos sobre el estado anímico de Cristiano después del partido que el Real Madrid ganó al Levante 2-0. No son palabras de un jugador cualquiera. Vienen de uno de los capitanes y de los pesos pesados del vestuario.
Ramos no solo volvió. También fue uno de los que antes del pitido inicial habló con Cristiano durante el calentamiento. Entre los dos, en una semana vital con un partido de transición entre la crisis creada por el Schalke en Liga de Campeones y el decisivo que disputarán el fin de semana que viene en el Camp Nou, arengaron a sus compañeros para llegar con tranquilidad al Clásico.
La película cambió después de los noventa minutos. Por un lado, Sergio Ramos ejerció de capitán y reunió a sus compañeros en el centro del campo para aplaudir al público del Bernabéu. Por otro, Cristiano se alejó hacia el vestuario sin comparecer en el centro del campo junto con el resto.
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