¿Ha sido el cristianismo una religión positiva o negativa para la humanidad? El doctor José Luis Medal, en un artículo reciente, parece creerla dañina, pues le atribuye muchos males: haber sacralizado el poder o el despotismo, haber promovido la violencia —incluyendo “los crímenes que acompañaron a la evangelización de América”— y oponerse al avance científico y a la democracia. En cambio el doctor Medal considera positiva la influencia de la ilustración, el laicismo y secularismo, pues nos llevaron de la opresión a la democracia y de la oscuridad a la luz.
La opinión del doctor Medal sobre el rol histórico del cristianismo refleja la tendencia de muchos intelectuales de atribuirle lo malo a la religión y lo bueno al secularismo. Recientemente, sin embargo, historiadores de gran calibre han documentado los graves errores de esta visión, entre ellos Rodney Stark, posiblemente “el investigador religioso más influyente de los últimos cien años”. Recomiendo en particular su libro The Victory of Reason ; La Victoria de la Razón: “Como el cristianismo llevó a la libertad, al capitalismo y al éxito de occidente”.
Trataré a continuación, de usar algunos de sus argumentos y otras fuentes para demostrar lo infundada que está esta especie de historia negra del cristianismo. Pero como es difícil hacerlo en un artículo de seiscientas palabras, pues esto requiere documentación y visitar realidades complejas, haré el intento abordando la temática en varios artículos, no necesariamente sucesivos.
Como paso preliminar aclaro que no busco hacer apología del cristianismo, en el sentido de negar los innegables abusos que hombres y mujeres a través de los siglos han realizado en su nombre. El doctor Medal observa muy bien que la realidad no es blanca y negra; hay claroscuros. Alrededor de todos los credos, sean estos seculares o religiosos, han ocurrido cosas buenas y malas. En gran parte a consecuencia de sus propias ideas y en parte porque todos han sido protagonizados por seres humanos tremendamente falibles. Pero no todos los credos son iguales. Hay unos donde el balance de sus aportes y daños es favorable y otros donde el saldo es terriblemente negativo. Mi posición es que si se examina con suficiente profundidad la evidencia histórica, el cristianismo, con todo y las fallas de sus seguidores, emerge como la creencia que más ha contribuido a humanizar el mundo entero.
Por razones de espacio comenzaré mi argumentación —dejando para después otros temas— abordando una de las tesis del doctor Medal: que los dogmas religiosos y su fanatismo condujeron a “los crímenes que acompañaron la evangelización en las Américas”.
El récord histórico muestra lo contrario. ¿Acaso hemos olvidado que la Iglesia fue la más abnegada defensora de los aborígenes? ¿Acaso no fue un fraile, Fray Bartolomé de la Casas, el que primero y más enérgicamente denunció las tropelías de los conquistadores? ¿Acaso no pereció en Nicaragua el Obispo Valdivieso, defendiendo a los indios de la codicia de los Contreras?
La Iglesia fue la institución que más luchó y sufrió por dignificar, educar y promover a la población indígena. Mario Vargas Llosa, autor decididamente laico, publicó en febrero de 2014 su artículo “Chiquitos y la Música” donde se maravilla de la obra de culturización y promoción humana que los jesuitas realizaron en Suramérica. La película “La Misión”, (1986), también retrata el ataque armado que estos misioneros tuvieron que sufrir de parte del poder secular.
La Iglesia tiene muchos miembros. Algunos de ellos, es cierto, han sido acólitos de dictadores. Pero son más los que como Monseñor Romero del Salvador, y siglos antes nuestro Valdivieso, derramaron su sangre por oponerse al despotismo.
El autor es Sociólogo. Fue ministro de Educación.
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