A Héctor Hidalgo le ha costado adaptarse a la zona de strike de los jueces del Campeonato Nacional de Beisbol. LA PRENSA/Miguel Lorio

El leonés Héctor Hidalgo, el lanzador más dominante

Héctor Hidalgo no sabe si un día atropelló a un gato negro, si anduvo caminando bajo las escaleras, si se levantó con el pie izquierdo o simplemente si su capacidad de evolución en las Ligas Menores era lenta para las expectativas de la organización de los Marineros de Seattle en los tres años que permaneció con el sueño. La última razón podría ser la certera para los analistas y las primeras para los creyentes en los mitos.

Héctor Hidalgo no sabe si un día atropelló a un gato negro, si anduvo caminando bajo las escaleras, si se levantó con el pie izquierdo o simplemente si su capacidad de evolución en las Ligas Menores era lenta para las expectativas de la organización de los Marineros de Seattle en los tres años que permaneció con el sueño. La última razón podría ser la certera para los analistas y las primeras para los creyentes en los mitos.

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Luego de firmar en el 2011, Héctor Hidalgo estuvo jugando con los Marineros de Seattle en Venezuela.

En su primer año ganó tres juegos y lanzó para 1.31 en efectividad en 20.2 episodios y 17 ponches.

En el 2013, siempre como relevista, ganó dos partidos y en 37.2 entradas lanzó para 1.43 y en el 2014 terminó con 2-3 y 2.87.

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El muchacho, quien no olvida el día en que la organización le dijo adiós, desde pequeño se inclinó por el beisbol, aunque estuvo en ciclismo, deporte que le ayudó a fortalecer sus piernas, la base de sus picheos.

Ahora Hidalgo ha emergido como el “as” del equipo de León en el Campeonato de Primera División. Con sus cuatro victorias en su año de novato se ha convertido en el joven brillante del beisbol, con un futuro catalogado como optimista por él mismo. “Aún no pierdo las esperanzas de que un equipo de Grandes Ligas me firme. Considero que no me valoraron bien y producto del cambio de dirigencia, no pude quedarme”, explica Hidalgo.

Con 22 años, las tinieblas del túnel, en el que pasó el año anterior, apagado psicológicamente y desenchufado del entorno, lo moldearon a ser un hombre con más carácter que recursos.

“La clave de mi buen desempeño ha sido mi concentración y mi plena seguridad en mí mismo. Esta es mi profesión. Aunque el año pasado no quise jugar en la profesional cuando me ofrecieron, porque me sentía mal, dudaba de que fuera un buen pícher. Ahora todo cambió y lucho por ser mejor día a día”, reflexionó el leonés, quien piensa estudiar una carrera cercana a la salud, como la mayoría de sus familiares.

Hidalgo ha iniciado tres partidos y relevado en una oportunidad. Sus cuatro victorias se resumen en 1.48 de efectividad, cuatro carreras limpias en 24.1 entradas, además de poseer 10 ponches y 86 bateadores enfrentados.

“Siempre hay algo que mejorar. Creo que físicamente me falta prepararme mejor, además mi recta había alcanzado las 93 millas, después mi promedio anduvo entre 88 y 90; sin embargo mi enfoque principal es el comando de mis picheos”, señaló Héctor, con la mente propuesta en terminar la campaña con más de diez victorias.

Héctor ha aprendido el arte de batallar solo, aunque esté en la llanura del desierto. Su papá, del mismo nombre, y su mamá, Reyna Vargas, guían al hijo, quien inició su aventura a los 10 años y actualmente sus latidos no se extinguen.

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