La Camerata de Luz y la Orquesta Sinfónica Sifais La Carpio, durante una de sus presentaciones en el Teatro Nacional de Costa Rica LA PRENSA/ CORTESÍA SIFAIS

La Carpio se convirtió en una ciudadela de luz

La Cueva del Sapo era el lugar más temido de La Carpio, Costa Rica. Desde sus polvorientas e inseguras calles, guaridas de violencia y ambiente de exclusión social, salían solo noticias oscuras: balaceras, crímenes, asaltos, ventas de droga y allanamientos policiales.

La Cueva del Sapo era el lugar más temido de La Carpio. Desde sus polvorientas e inseguras calles, guaridas de violencia y ambiente de exclusión social, salían solo noticias oscuras: balaceras, crímenes, asaltos, ventas de droga y allanamientos policiales. Nada ajeno a un asentamiento marginal estigmatizado por el pensamiento colectivo, asociado comúnmente a la inseguridad del país.

El Sistema Integral de Formación Artística para la Inclusión Social (Sifais), sembrado sobre un terreno de 450 metros cuadrados cedido por la iglesia evangélica, floreció en la “Pequeña Gran Ciudad”; unos salones temporales donde se desarrolló una escuela de música, otra de baile, se practican deportes, se aprenden manualidades y sastrería, se enseñan idiomas como mandarín  y portugués,  y hasta se brinda asesoría migratoria.

Sus programas, cursos y proyectos son desarrollados por un total de 87 voluntarios, quienes potencian el talento de 600 personas de todas las edades marginadas socialmente, desde niños de tres años hasta ancianos de 75, según Maris Stella Fernández, directora de Sifais; siendo la escuela de música la que ha atraído a más personas vulnerables de este asentamiento.

“Me ayuda a relajarme del ambiente de tensión que hay en mi casa. Es una experiencia muy bonita, me desahogo con las notas (musicales del piano), siento que mis dolores se me van”, testifica Janiel Monjarretz, uno de tantos adolescentes hijos de inmigrantes miembro de la Orquesta Sifais de La Carpio.

“Me gusta mucho y además de aprender a tocar guitarra, me ayuda a agilizar la mente. Haber venido a aprender me ayuda en todo. Ayuda mucho a que los niños, a que las personas estén distraídas”, dice Erodita del Carmen Ramos, una nicaragüense de 56 años que desde hace meses incursionó a la escuela de música.

La activista comunal nicaragüense Alicia Avilés, habitante de La Cueva del Sapo, inicialmente le pidió ayuda a Fernández con un uniforme para la Selección de Fútbol de La Carpio, la cual ayudó a formar. Fernández asumió el enorme reto de concretar la idea de Avilés de crear la orquesta sinfónica para aquellos a quienes no les gustaba hacer deporte en su barrio.

“Me decían que solo fútbol y fútbol era yo. Entonces les pregunté ¿ustedes qué quieren? Uno me respondió que aprender a tocar guitarra. Otro dijo que violín y otro piano. De ahí se me ocurrió la idea de formar una orquesta”, recuerda Avilés.

Todo lo que se ha desarrollado a través del Sifais es por donación. Desde el tiempo de maestros voluntarios y su directora, hasta dinero para construir el Centro de Integración Cultural, un edificio de cuatro pisos con bases estructurales de madera laminada y amigable con el medio ambiente, el único en Costa Rica y Centroamérica; donde se ubicarán las instalaciones del proyecto.

Su costo oscila en medio millón de dólares, de los cuales solo falta el 25% del dinero para culminar su construcción. Será inaugurado en pocas semanas.

Lo que en Sifais se enseña no está certificado porque todo es donación, una enseñanza de doble vía porque también los voluntarios aprenden de la triste realidad de La Carpio, el precario del que solo informaciones negativas escuchaban en los medios de comunicación, al que ahora le han perdido el miedo.

“Más que una situación de formalización técnica con un diploma, es descubrir la belleza de enseñar y aprender para ser feliz, esa es la gran sencillez del mensaje que estamos desarrollando ahí. Entonces las personas dicen yo puedo aprender a cortar y a coser, yo puedo prender a tocar. Nadie cobra ni nadie paga, se hace de lo que cada uno cree que puede enseñarle a otros.

El director de la Orquesta de La Carpio, Sebastián Rojas, de 29 años, reseña la amistad mutua entre maestros y alumnos, como punto de unión en ese aprendizaje a dos vías.

“Para mí es demasiado importante. Yo empecé a recibir clases de música desde los 4 años. Al conocer de esta organización me pareció que era como un deber mío después de tanto tiempo de recibir yo las clases, venir a dar clases a niños que no tienen la misma oportunidad que yo de recibirlas. Más en una zona como esta que no tenían acceso a una escuela de música. Es una experiencia lindísima. Aquí aprendemos todos porque ellos también me enseñan”, señalan.

“Poquito a poco fuimos venciendo las barreras del miedo, tanto de los visitantes como de la misma comunidad que se daban cuenta que se trataba de ayudar”, sostuvo por su parte Fernández.

“A pesar de las carencias que nosotros no se las podemos solventar, si sabemos que enseñando y haciéndole reconocer a ellos de que aprender cosas distintas y hacer música hermosa, entonces van recuperando la confianza, se va creando una genial armonía que salen beneficiados los de la comunidad como los que vamos a visitarle, porque aprendemos mutuamente unos de otros sin importar las clases sociales, las procedencias de país, los estudios o capital que uno u otro tenga”, señala.

La escuela de música del Sifais ya ha dado sus frutos. El grupo de rock, apadrinado por vocalistas de grupos de renombre en Costa Rica como Gandh y Sonámbulo, ya ha brindado espectáculos en centros comerciales del país. En tanto, la Camerata de Luz y la Orquesta Sinfónica Sifais La Carpio, se han presentado en el Teatro Nacional, el magno escenario reservado generalmente solo para grandes artistas, ubicado en San José, Costa Rica.

“Con esta presentación que tenemos en el Teatro Nacional, que es el lugar más importante de la música en el país, demuestra que sí está dando frutos el proyecto”, explicó Rojas.

El proyecto siguiente de Sifais es inaugurar el edificio para el Centro de Integración Cultural, previsto para el mes de marzo. En esta “Cuevadeluz”, que dejará atrás el nombre peyorativo de la comunidad, se desarrollarán 120 talleres de enseñanza. La idea es que este exitoso proyecto se amplíe a otras comunidades marginales de Costa Rica, según Fernández.

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COMENTARIOS

  1. Hace 12 años

    Que buen proyecto…les felicito atodos aquellos que hasen posible esto y a los voluntario que cn mucho amor dedican a esta labor social que hace falta en muchos lugares.,

  2. 8o Puesto
    Hace 12 años

    Para que sigan diciendo que en CRC explotamos, maltratamos y humillamos a los nicas, aunque sean ilegales… Tienen más oportunidad de prosperar aquí que en NIC, donde los Ortega-Murillo y sus hampones no respetan a su propia sangre. Piénsenlo…

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