Si hay una persona que ha impactado al mundo actual, por su carisma, su sencillez, su humildad y su amor a los demás, ha sido el Papa Francisco I. Desde su elección al pontificado, la gran prensa, no ha cesado de alabar y magnificar a este líder religioso. La batalla que ha enfrentado es enorme, después de limpiar la finanza vaticana, de presentar un verdadero plan de reforma a la Curia romana, de poner en marcha toda una política institucional que penaliza radicalmente a los curas pedófilos; después de convocar a un sínodo en donde se debate con mucha libertad todos los puntos relacionados con el matrimonio, el impacto ha sido enorme. Las multitudes desde Brasil hasta Filipinas, han salido a recibir a un hombre que verdaderamente tiene olor a santidad.
Pero este “Aggiornamento”, tan necesario y tan intenso que ha sido sometido desde Roma, en la grey católica de Nicaragua, no ha tenido mucho impacto. Nuestros obispos, siguen siendo “monseñores” y todavía no se atreven a seguir las directrices de Francisco, que constantemente les está pidiendo, que sean pastores con olor a ovejas.
Mi iglesia, sigue una pastoral en su mayoría de los casos, “procesional” válida cuando la mayoría de los nicaragüenses eran analfabetos, no comprometiéndose a predicar a fondo, la palabra viva del evangelio y la intensificación de una cultura bíblica y patrística.
Nuestros párrocos, en un número muy significativo, abusan de la paciencia de la feligresía con sus homilías, improvisadas, falta de fundamento bíblico, inmensamente largas y aburridas, en donde muchas veces lo que florece son las necesidades materiales de la parroquia, o de la ermita; la crítica a la manera de vestir o de actuar de las personas, pero no se profundiza en el mensaje que tiene para los feligrés en el día de hoy, el evangelio de ese domingo.
El sentido de desunión es alarmante, hay diócesis en donde el obispo está prácticamente solo, y cada cura, hace y deshace sin importarle la obediencia que le debe al ordinario. El mejor ejemplo que ilustra esa desunión, lo constituyó la propia conferencia, en la entrevista que tuvo lugar en la Nunciatura Apostólica, con el presidente Ortega. En lugar de llegar en grupo, en un solo vehículo, como cuerpo colegiado, cada uno de los obispos llegó en el suyo propio. Cuando los vi en la TV, solo se me vino la imagen de Francisco, al día siguiente de haber sido elegido, junto, en un microbús, con sus hermanos cardenales, como miembros de un cuerpo místico, que nos recuerda el Colegio Apostólico.
Si hay algo que impacta en Francisco, es su mensaje ecuménico. Se nos presentó como el “Obispo de Roma”, y sus numerosos contactos con líderes religiosos, tanto cristianos como no cristianos, es impresionante. Hasta el día de hoy, no he podido ver a mis pastores, en un acto ecuménico con pastores serios, de algunas de las iglesias de nuestros hermanos separados. En un país, en donde la mayoría no católica alcanza un cuarenta por ciento, la necesidad de crear lazos de unidad con nuestros hermanos en Cristo, para enfrentar un sin fin de problemas, se vuelve cada día más urgente.
El compromiso con los pobres, es otro tema que brilla por su ausencia. La denuncia a la injusticia, al atropello sistemático a los derechos humanos, la política de exterminio que tanto la policía como el Ejército mantienen en el norte de país, son temas que se evaden y que en la mayoría de las veces, son tratados por uno u otro obispo, pero hay un silencio profundo del episcopado como cuerpo colegiado.
Francisco, nos está llamando una y otra vez, a crear una iglesia pobre, peregrina, alejada del boato, o de la postura de príncipes. Quiere pastores, comprometidos con su pueblo, viviendo y sufriendo sus necesidades, sus angustias y pobrezas. Quiere una iglesia, que toma como fundamento de su predicación, las bienaventuranzas; en donde los pobres, los desvalidos, los enfermos, los afligidos, los perseguidos, son el centro de ese cuerpo místico. Francisco, como ese santo nicaragüense, Azarías H. Pallais, nos invita a un entierro de pobres.
El autor es abogado
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