En un editorial pasado expuse que desde inicios del 2015 en Cosep estamos enfrentando una serie de retos; uno de estos retos es la negociación del salario mínimo.
En el año 2014 no logramos alcanzar un acuerdo tripartito y por ello para este año tenemos como propósito retornar a la senda de los acuerdos tripartitos; tal y como exitosamente lo hemos mantenido para el caso específico del sector de zona franca, en donde tenemos un acuerdo salarial hasta el año 2017, sin que ello haya significado violar la ley.
Para proteger el empleo en zona franca hemos firmado en consenso con los sindicatos y Gobierno un acuerdo multianual de incrementos salariales de ocho por ciento hasta el año 2017, incremento que está por debajo de lo que expresa el piso de la Ley de Salario Mínimo, pero lo relevante ha sido asegurar la protección del empleo de este importante sector.
En relación con la negociación salarial de este año nos hemos pronunciado sobre dos situaciones. En primer lugar, que por ser el año 2016 de elecciones, el acuerdo debería ser por un período de dos años para darle certidumbre al empleo y a la inversión y minimizar así el riesgo de este proceso político en la economía.
En segundo lugar, que si los megaproyectos se llegasen a desarrollar en nuestro país, enfrentaríamos niveles de crecimiento que pueden crear un espejismo económico y afectar de manera negativa a los otros sectores no vinculados a estos proyectos, al imponerles el riesgo por ley de un incremento salarial irreal.
Sin dejar de mencionar que a partir de enero ya las empresas hemos aumentado en otro punto porcentual el aporte de la patronal al Seguro Social sin que aumente el aporte del sector trabajador. Lo cual se conjuga, contrario a los años anteriores, con que existe un escenario positivo en relación con la inflación, producto de la caída del precio del petróleo que ya está comenzando a beneficiar a los consumidores.
Esas variables políticas y económicas insoslayables, así como el interés manifiesto de garantizar la recuperación de la capacidad adquisitiva de los trabajadores formales, mantener su estabilidad laboral, la sostenibilidad de las empresas y generar más empleo formal son los objetivos de nuestra posición en cada negociación salarial.
Tenemos que apostar en Nicaragua por un debate técnico objetivo que resulte en una política salarial acorde con las condiciones de mercado, con mayor predictibilidad, con incrementos que sean basados en mayor productividad, con crecimiento de la demanda, fortaleciendo al sector formal, y generando más plazas que reduzcan el subempleo y la informalidad.
Nadie puede ignorar que hemos avanzado. Los datos reflejan que en el período entre abril 2005 y febrero 2014 hemos negociado incrementos de salario mínimo promedio por un acumulado del 297 por ciento y hemos mejorado la capacidad adquisitiva de los trabajadores en 2.3 veces por encima de la canasta básica; este incremento, si no es el mayor de la región centroamericana, es uno de los mayores durante este período.
Lo cual se ha traducido en mayor generación de empleo formal en ese mismo período, lo que vemos reflejado en un incremento de 360,462 nuevos afiliados en el INSS entre 2005 y noviembre de 2014. Esto refleja un crecimiento porcentual en el número de afiliados de 103.5 por ciento en ese período.
No obstante lo anterior, con la fijación del salario mínimo solamente se logra beneficiar aproximadamente a 251,800 trabajadores, según cifras del Mitrab al 2014. Es decir, los beneficiarios directos de esta negociación representan solamente el ocho por ciento de la Población Económicamente Activa en el país.
Además, la ley actual en algunos sectores como construcción y vigilancia, al no estar vinculados a variables de mercado, ya está provocando reducción de la formalidad y distorsiones en las escalas salariales que desmotivan la mano de obra calificada.
Pero lo más importante, el esquema de negociación salarial actual y la falta de una verdadera política salarial no están beneficiando en nada a los miles de trabajadores que todavía se encuentran en la informalidad y que es uno de los grandes desafíos que tenemos como país.
Es por ello que desde Cosep nuestra responsabilidad será continuar en la búsqueda de una verdadera política salarial que sea pro empleo formal y fomente la productividad con mayores resultados sociales. Esta negociación no será la excepción.
EL AUTOR ES PRESIDENTE DEL COSEP.