La mayor justicia que han hecho al poeta y dramaturgo Enrique Fernández Morales (1918-1982) es dedicarle esta undécima edición del Festival Internacional de Poesía de Granada, ya que es uno de los grandes impulsores del arte y la cultura en Nicaragua.
Su teatro lo compone, primeramente tres dramas históricos, El milagro de Granada, obra publicada en 1956 y dedicada a la aparición de la Virgen, que según cuenta la tradición apareció en el Gran Lago de Granada. El poeta Enrique Fernández Morales fue muy dado a las tradiciones culturales y populares, entre ellas las religiosas, como este drama que se nutre del teatro religioso español, especialmente del milacre, que se caracteriza en representar y explicar los milagros de los santos, en este caso el de la Santísima Virgen María.
Su segunda obra histórica es El vengador de la Concha, cuyo escenario es la ciudad misma, haciendo una crítica contra la guerra de los filibusteros ha mediados del siglo XIX. Complementa esta trilogía La niña del río, la que él considera una estampa colonial en tres actos. Al inicio de la obra, Rafaela, la heroína del Castillo en la ribera del río San Juan de Nicaragua, está ya anciana y le relata a un niño su hazaña al vencer a los filibusteros. Estas tres obras se caracterizan por ser un teatro costumbrista, donde intervienen la poesía para destacar los caracteres de los personajes, como el de la Virgen María o el de Rafaela Herrera.
Su mejor obra
Judas (1978), de Enrique Fernández Morales, se publica cuando el existencialismo teatral, que se originó en Francia, tenía más de cuarenta años de haber marcado los senderos del teatro europeo. Para Jean Sartre: “El ser humano está condenado a ser libre”. Para él, el hombre vive su vida paralela entre su conciencia subjetiva y la conciencia objetiva del mundo; desgarrada por la guerra, el vacío moral y el caos social. Todo ello envuelto en una atmósfera de una psicología existencial.

LA PRENSA/CORTESÍA
El teatro existencialista llena la escena de una atmósfera de angustia y una ausencia lógica de los acontecimientos relacionados con las experiencias del ser humano. Todo es absurdo e inútil, y conlleva al sufrimiento atroz y al sacrificio.
En el monólogo escrito por enrique Fernández Morales, Judas es degradado, tiene conciencia de su traición, goza de la alevosía contra Jesús y los discípulos. Pero sobre todo su angustia de no tener salvación, ni ante Jesús ni ante él mismo, ahorcado con la soga de su culpa.
Pero sobre todo prevalece en el teatro existencialista la falta de sentido en la vida humana, al exponer la dificultad o imposibilidad de la comunicación entre las personas, llenas de vacío y faltas de esperanzas. Y la falta de sentido de vida existe en Judas, bajo la condena de su culpa: el haber traicionado al hijo de Dios.
En Judas, Enríquez Fernández Morales se vale del personaje para hacer una crítica del mundo contemporáneo en cuanto a Judas, lo único que vale es el dinero, como una prestancia social y moral. El dinero, para él, era la solución a toda incertidumbre de la vida, tanto es así que Judas dice la siguiente blasfemia: “Aquí tengo su sangre en esta bolsa que aprieto entre mis manos. Su sangre y sus vidas. El dinero es el símbolo de la omnipotencia de Dios”.
Comedia Nacional de Nicaragua, que este año cumple cincuenta años de vida teatral, volvió a montar Judas de Enrique Fernández Morales, en el I Festival de Teatro Nicaragüense, donde Judas fue interpretado por Erasmo Alizaga, actual director de la Escuela Nacional de Teatro.
Judas de Enrique Fernández Morales convierte a su personaje en un aforismo lacerante, castigado por su propia culpa.
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