A su energía y dinamismo, propios de su juventud, Erasmo Ramírez había agregado un impensable sentido de elaboración y un toque de delicadeza a sus picheos, que causaba asombro por donde pasaba, aunque lo hacía a prisa.
“Ahora solo pienso en ir a hacer mi trabajo y punto. Yo tengo un patrón de picheo y ese es el que voy a utilizar. En Venezuela me funcionó porque eso es lo que sé hacer. Así que no voy a estar pendiente de comentarios buenos, malos, regulares. Lo único que puedo controlar es mi trabajo y eso es lo que haré este año”.
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Después de saltar al beisbol rentado en 2008, llevó su trabajo a niveles fantásticos en 2009, al acumular 11-1 y 0.51 en la Liga de novatos en Venezuela. Pero eso no fue lo mejor: solo dio cinco bases en 88 innings, con 80 ponches.
Los lanzadores de élite en las Ligas Mayores tienen una relación de 3.50 de ponches por base por bolas. Esa vez, Erasmo llegó a 16.00, es decir, ponchaba a 16, por cada boleto que obsequiaba. Estaba súper sobrado ahí.
Lo curioso es que el comando de sus picheos persistió como su principal instrumento de dominio, mientras transitaba de manera vertiginosa por las Menores, hasta llegar a Grandes Ligas en 2012. Era un maestro del control.
En su primer año en las Mayores, Erasmo siguió fiel a su estilo de lanzador fino, capaz de acertar a un mosquito en el borde del homeplate. Tuvo 1-3 y 3.36, con 48 ponches y 12 bases en 59 innings. Una relación de 4.00.
En los últimos dos años su puntería se agrietó y quedó indefenso en el montículo. Y a pesar de que su brazo estaba bien, su mecánica ajustada y su motivación arriba, su mente estaba alterada y la confianza se vino a pique. Ahora está de vuelta.
Hacer que sus picheos regresen a aquellos niveles de obediencia es la gran misión del lanzador rivense, quien tras un paso por Venezuela, donde recapturó su control, espera ganarse un puesto en el staff de los Marineros de Seattle este año.
“Mi meta es establecerme, con la ayuda de Dios. Quiero representar bien a Nicaragua. Demostrar que como todos los nicas que jugamos fuera, que no nos dejamos caer por nada. Todos tratamos de hacerlo bien. Hacer números. Dar chance de ganar al equipo”. Erasmo Ramírez, bigleaguer.
LISTO DE BRAZO Y MENTE
¿Qué hay en tu mente ahora?
Estoy a menos de dos semanas de viajar y trabajo en puntos claves de mi preparación para llegar bien al spring training. Voy a una etapa en la que no tengo opciones para ser enviado a las Ligas Menores. Así que lo que tengo en mente es hacer el equipo. No hay de otra.
¿Y vas listo al entrenamiento?
Sí. Desde que el primer día (20 de febrero) los pícheres vamos a hacer bullpen. Tres días después lanzamos contra bateadores y en diez días estamos jugando los partidos de exhibición y a pelear por un puesto. Entonces voy preparado para entrar en calor rápido. Yo no puedo darme el lujo de fallar.
No podés titubear ahora, ¿no?
No porque yo no tengo contrato así de varios años, entonces tengo que ir a ganarme un lugar sin importar la situación. Sin reparar en que haya o no preferencias para un pícher en particular, si voy a abrir o relevar o si alguien comenta bien o no sobre mí.
¿Qué es lo diferente ahora?
Que voy con una mente más limpia, más tranquila, dando más chance a saber qué pasa alrededor mío, qué puedo hacer y qué no, qué necesita mi cuerpo arreglar y qué no y a la hora de lanzar, hacer el ajuste en el momento adecuado.
¿Qué te afectó en el 2014?
El físico estaba bien, pero se me arruinó la curva. No la usé mucho tiempo y cuando la quise utilizar de nuevo, no estaba lista y me desplomé. Uno tiene que practicar las cosas para que te salgan bien ya durante el juego y yo no lo hice así. Ahora es diferente.
¿Y la curva está arreglada?
Sí, he trabajado mucho en eso, pero lo esencial es que ahora aprendí que si me falla un picheo, sé que tengo tres más para batallar. Y si me fallan dos, aún me quedan otro dos. Con ello voy a luchar. No puedo dejarme caer porque la curva no esté bien.
¿Antes cómo lidiabas con eso?
Me enfocaba tanto en la debilidad y le ponía tanto interés en mejorar, que descuidaba otras partes de mi juego. Uno debe seguir practicando normal y ponerle extra a lo que no está bien. Pero eso solo lo vas aprendiendo con el tiempo.
¿Ahora confiás más en vos?
Sí, estoy confiado en que puedo volver a hacer lo que hice del 2012 hacia atrás. Cuando llegué de las Menores no me importaba quién estuviera bateando, solo me dedicaba a ejecutar los picheos, pero después me hice demasiado pensante. En lugar de ir normal, a como yo soy, y lanzar lo que mejor tenía ese día, quería lucirme. Si mi recta no estaba a 95 millas y solo llegaba a 92, entonces trataba de ponerle más y me desajustaba y al final hasta me lesioné. Forzaba mi cuerpo. Pero si hoy estoy a 88 millas, pues con eso tengo que defenderme. Eso es lo que tengo y así sé que saldré a flote.
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