Es casi imposible en Managua encontrar un semáforo donde no haya niños o adultos limpiando vidrios a cambio de unas monedas. Son centenares de personas los que se dedican a esta actividad peligrosa, capeando vehículos y bajo el fuerte sol. LA PRENSA/OSCAR NAVARRETE

Escaparates de la pobreza

Miguel prefiere que le llamen Maicol. No sabe por qué, pero le gusta más que el nombre propio. Ahora tiene 7 años y ya decide cosas con la tierna lógica de la infancia. Que la gorra prefiere usarla de lado como los raperos, que no le gusta acercarse a las motos porque se ha quemado con los escapes y que no le gusta que lo regañen cuando trata de limpiar los vidrios de los carros. Por eso, dice él, pide permiso y si le dicen que no, no insiste. A veces no le permiten acercarse a los vidrios de los carros, pero le dan el córdoba de rigor.

Miguel prefiere que le llamen Maicol. No sabe por qué, pero le gusta más que el nombre propio. Ahora tiene 7 años y ya decide cosas con la tierna lógica de la infancia. Que la gorra prefiere usarla de lado como los raperos, que no le gusta acercarse a las motos porque se ha quemado con los escapes y que no le gusta que lo regañen cuando trata de limpiar los vidrios de los carros. Por eso, dice él, pide permiso y si le dicen que no, no insiste. A veces no le permiten acercarse a los vidrios de los carros, pero le dan el córdoba de rigor.

[doap_box title=»¿Cuántos pobres hay en el país?» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]El fenómeno de la pobreza en Nicaragua, aunque es evidente, no tiene cifras para respaldar la tesis de que ha aumentado, puesto que el país, desde el año 2009, no ha revelado la cifra oficial de pobreza general y pobreza extrema. El Gobierno, por medio del Instituto Nacional de Información de Desarrollo (Inide), no publica, ni permite acceso a los resultados de la Encuesta de Medición del Nivel de Vida (EMNV) de los últimos años. Sin embargo, en el informe Panorama Social de América Latina 2014, publicado esta semana por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), no aparecen cifras actualizadas de Nicaragua, solo los datos del 2009, cuando el organismo registraba que en el país existía un 58.3 por ciento de la población en situación de pobreza y el índice de indigencia o pobreza extrema era del 29.5 por ciento.[/doap_box][doap_box title=»» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]210 es el número de ciudadanos considerados ultra-ricos en Nicaragua, según el Reporte de Riqueza 2014 de Wealth-X y UBS en 2014. Estas personas acumulan en promedio US$142.8 millones percápita. En 2013 eran 190 personas.[/doap_box][doap_box title=»» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]2,566,814 nicaragüenses vivían en estado de pobreza general, según estudio de Fideg en 2013. Se les consideraba así a quienes consumían menos de cuarenta córdobas en alimentos por día. Era el 44.7 por ciento de la población.[/doap_box][doap_box title=»» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]557,000 personas en pobreza extrema estimó en el año 2009 la Fundación para el Desafío Económico Global (Fideg), en un estudio presentado en 2013. En 2005, la cifra era de 884,441 personas con consumo de alimentos menor de veinte córdobas por día.[/doap_box]

Y él, alegre, lo guarda en sus pantalones y suma al final de la tarde la recompensa del día: entre 40 y 60 córdobas. ¿Su mamá? Allá está, vendiendo mangos y naranjas.

Miguel compite en este punto, este jueves 29 de enero, con 53 personas de todas las edades que en promedio se reúnen en esta zona de la capital para limpiar vidrios, vender frutas, ofrecer accesorios para teléfonos, vender agua helada, pedir limosnas en silla de ruedas, hacer malabares… de todo por un córdoba.

El fenómeno en la capital y en las principales ciudades del país no es nuevo, pero viene creciendo sin control y llena los cruces y semáforos de la capital en nutridos grupos de personas que, como, en un escaparate, ofrecen sus pobrezas y exhiben sus miserias.

Así, uno se encuentra a Alfredo o Roberto, como a veces se presenta, de 47 años hoy y de 50 la semana pasada, quien asegura convivir con el VIH y pedir para unas medicinas que nadie, nunca, se las ve en las manos, pero el hombre ahí anda, tocando los vidrios de los carros y pidiendo con mucha educación unas monedas para poder vivir.

Los capitalinos aún se espantan de un joven que desde hace más de 12 años deambula de bus en bus y de parada en parada, mostrando un tumor casi en carne viva, que ha crecido monstruosamente. Esa pelota de carne, con llagas y maloliente, es su único medio de vida y le sirve para ganar unas monedas de lástima o asco.

Dicen que se llama Francisco, que vive con una tía por el sector de la rotonda Cristo Rey y que “es medio loco”, pero nadie puede decir que lo suyo sea un cáncer. “Yo lo recogí una vez por la P del H, estaba golpeado, parece que lo atropelló una moto y lo quise llevar al hospital, pero me dijo que mejor lo llevara donde la tía de Cristo Rey para el lago, ahí se metió en un callejón del Dimitrov”, cuenta Félix Sánchez, taxista-cadete que asegura conocer a todos y cada uno de los muchos mendigos de los semáforos de Managua.

Las paradas de buses y los buses mismos también son vitrina de la pobreza del país. ¿Quién no conoce a José Santos Orozco? No vidente de nacimiento, con 67 años encima y dueño de un mal carácter especial, se sube todos los días entre el 7 Sur y Metrocentro, con una armónica desafinada con la cual canta a mal tono: “Demos gracias al Señor, demos gracias…”. Se le acusa de todo: de vulgar, desaseado, insistente y morboso.

En los buses las estudiantes universitarias le rehúyen y los vendedores ambulantes discuten con él. Y él siempre responde cuando las monedas no llegan en cantidades suficientes a su mano extendida: “Qué montón de gente jodida más pinche, ni para comer le dieron al pobre ciego, coman mierda…”

Cuando se le pregunta por qué trata así a la gente, responde airado: “¿Y vos sos mi papa o mi jefe, hijo de p…, cochón…”. No permite entrevistas ya.

Quizás sea el mal momento, porque en los buses la competencia por el córdoba del prójimo es feroz. Donald Estrada lleva cinco años metiendo y sacando hijos, padre, madre, esposa y hasta abuela, de los hospitales.

Cada día que puede se inventa una historia, se acompaña de falsas epicrisis y recurre al teatro para ganar el pesar de la gente. Sin embargo, tantos años subiendo con las mismas historias a los buses, han destruido su credibilidad. “¿Ahora a quién vas a matar?” Le grita un vendedor de tarjetas electrónicas de la parada de Metrocentro y Donald, furioso, le grita: “A tu madre”.

Luego se sube a una ruta 114 y se pierde entre la gente. Nadie sabe dónde vive, ni de dónde vino, ni si se llama realmente Donald Estrada: “Un día dice que es de León, después que es de Matagalpa y hasta dice que nació en la Costa. Es bien mentiroso”, dice Carlos Rodríguez, vendedor de gafas para sol afuera de Metrocentro.

Hasta hace pocos años, era usual ver a niñas o mujeres maduras cargando niños recién nacidos casi siempre dormidos bajo el sol rudo de Managua, pero esas escenas ahora son escasas. Otras miserias han sustituido las escenas y los semáforos y las paradas lucen llenas de gente exhibiendo sus pobrezas.

JOVENES TRABAJADORES INFORMALES

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COMENTARIOS

  1. nain
    Hace 12 años

    Tanta pobresa pero eso se puede acabar dando trabajo bien pagado.ademas con los millones que el presidente daniel ortega tiene. puede aser empresas y dar trabajo

  2. Alejandro Arrechavala
    Hace 12 años

    Es la triste realidad de nuestra sufrida patria. Hay que pedirle a Dios que a pesar de la pobreza en que vivimos nos bendiga con salud y paz espiritual. Pido al Señor le de sabiduria a nuestro pueblo y sepan elegir a sus gobernantes..

    Dios Bendiga a Nicaragua.

    Nota: por favor no echen más maldiciones a nuestra patria, mejor oren por un futuro mejor

  3. El Trompudo
    Hace 12 años

    Por eso yo mejor solo viajo en avion y en helicoptero por que estos lava vidrios mucho joden

  4. Nacidos_Sin_Democracia
    Hace 12 años

    Esos son los futuros Orteguistas, estan aprendiendo en la escuela de la calle las lecciones para robar, drograrse,emborracharse y a ser mantenido para luego graduarse de turbero, una vez ya graduados en la Universidad de la calle seran los futuros policias corruptos , jueces, Miembro del CSE y Diputados …. que ya sabemos como son…ya no diremos ser orgullosamente Nicaraguens si no… Pobre mi pais.

  5. Leonel
    Hace 12 años

    Es un relato de la realidad de la mayoría, del pueblo.

  6. Jose
    Hace 12 años

    buen reportaje pero el gobierno debería de publicar los datos reales ya que es triste ver cada día más pobreza uno es que con esos datos estadísticos se toma acción del problema e irlo solucionando con programas que ayuden con este tipo de situaciones

  7. jose m. fernandez.
    Hace 12 años

    Una de las mentiras mas grandes del sandinismo es q’ juraban q’ iban a acabar con la pobreza,y miren hoy a la gente como andan en las calles desesperadas por la pobreza,y mirenlos a ellos como se burlan de esa gente,metidos en tremendas mansiones,con buenos carros,sentados comodamente con el aire acondicionado sin joderse,comiendo y bebiendo bien y creando panza,explotando bien a la masa de idiotas q’ engañaron.Q’ socialismo mas desigual el del siglo XXI.Todo fue una vulgar mentira!!!

  8. Luis Mora
    Hace 12 años

    Muy buen reportaje

    1. Reymundo
      Hace 12 años

      Buenísimo diría yo, es una radiografía de los personajes más vistos pidiendo en los buses, semáforos y calles de nuestra Managua
      «¿Quién no ha visto a José Santos Orozco? No vidente de nacimiento, con 67 años encima y dueño de un mal carácter especial, con una armónica desafinada con la cual canta a mal tono: “Demos gracias al Señor, demos gracias…”. Se le acusa de todo: de vulgar, desaseado, insistente y morboso.» y es todo eso es verdad
      tengo más de 30 años de verlo pidiendo igual

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