«Mi fórmula para lograrlo (cumplir con todas sus responsabilidades) ha sido hacer lista, yo hago lista: familia, empresa, las cosas en Francia, amigos y en un cuaderno pongo lo de corto plazo y lo de largo plazo para cada uno». Claire Ponçon, propietaria de Morgan’s Rock Hacienda and Ecolodge.
Cuando llegó a Nicaragua, en 1974, de lo único que estaba segura era de que aquí nunca pasaría frío y en medio del trauma de encontrar un país destruido por un terremoto, no imaginó que Nicaragua se convertiría en su segunda patria, ni que aquí, al convertirse en una empresaria muy exitosa, haría realidad tres de los sueños más recurrentes de su niñez: tener una finca, regalar pan y agua a los necesitados y caminar entre inmensas arboledas.
En mayo de 1974 Claire Ponçon, llegó a Nicaragua acompañando a su esposo Clemente, un agrónomo que venía a trabajar al Banco Central. “Venir como cooperante era traer una maleta de 25 kilos, la bicicleta de mi hijo mayor y una olla de presión con el libro de recetas, porque yo no sabía cocinar”, recuerda.
Aunque su esposo se resistía a continuar la tradición familiar de tener fincas, en 1979 ella hizo realidad uno de sus sueños cuando adquirieron la primera, en Aranjuez, Matagalpa. Ahí se produce el café Marsellesa que venden a la famosa cadena estadounidense Starbucks.
Desde que establecieron la primera plantación de café, Claire ha estado involucrada en cada uno de los negocios de la familia. En los que aún funcionan y en los que fracasaron, como la exportación de limones que dio paso al cultivo de madera preciosa que propició después el establecimiento de un aserrío y una fábrica para elaborar muebles. El crecimiento de esta actividad los llevó a buscar nuevas fincas para sembrar más árboles y así llegaron a San Juan del Sur, donde ahora tienen un hotel, y a la Costa Caribe, donde también promueven un proyecto de cacao.
En Morgan´s Rock Hacienda & Ecolodge, hotel ubicado en San Juan del Sur promueve actualmente una iniciativa para proteger el medio ambiente de la zona. Claire considera que dicha iniciativa, junto a las obras sociales que realiza y la controversia suscitada meses atrás cuando existió la posibilidad de que las obras del Gran Canal afectaran su hotel, propiciaron que en el 2014 la Cámara Nacional del Turismo de Nicaragua (Canatur), la nombrara Empresaria Distinguida.
A pesar de todos estos logros, Claire se sigue planteando retos en el campo social y empresarial; la construcción de una escuela técnica en una comunidad rural de Matagalpa y convertirse en mentora de futuros empresarios, son las metas que pretende alcanzar en el corto plazo.
¿En qué se basa la iniciativa ambiental que promueve en San Juan del Sur y por qué surgió?
Morgan´s Rock estaba como en primera línea porque el proyecto turístico del Canal contemplaba pasar por la finca… Esto también permitió que nosotros hiciéramos un grupo de toda la gente que vive en el lugar que se llama Pueblos Verdes, se está empezando a crear una asociación de Pueblos Verdes y nos hemos propuesto incluir a todos los que viven en Majagual y las playas aledañas, porque ahí hay muchos desarrollos. Estamos tramitando la inscripción de la asociación de Pueblos Verdes en la Alcaldía, para lograr que en esta zona se respete a los animales, el agua, los árboles. No sería una reserva porque se puede construir hoteles y otros desarrollos, pero que todos vengan con esta mentalidad de respetar el ambiente y traten de que la basura sea recogida y separada, que no haya violencia, que haya un sistema para que los peatones puedan circular sin tener que estar en la carretera. Es decir, todo lo que se pueda hacer con la comunidad como una comunidad avanzada.
¿Como empresaria, cuál es su próxima meta?
Bueno, hoy estoy pensando apoyar a potenciales empresarios que trabajan pero que no se organizan como empresarios. Estaba hablando con un señor que tiene una capacidad extraordinaria pero que no sabe valorarse. Entonces le dije “Te voy a apoyar para que formes tu empresa, va a ser una empresa de servicio porque si hay una computadora mala tu la reparas, si hay una luz quemada la reparas, si hay un tubo roto lo reparas”. Entonces le digo, a tu edad —tiene como 55 años— puedes formar a una o dos personas y establecer una empresa para ofrecer esos servicios. Y en Nicaragua hay muchas personas así, que tienen la capacidad pero tienen miedo de ser empresarios. Pero son más empresarios que los empresarios. Lo que pasa es que si no se es empresario, no se valora el tiempo que uno dedica a las actividades. El tiempo que uno invierte debe cobrarse, eso es lo que les enseñaría a esa gente que tiene el talento, sería como un mentor de gente que tiene tanta capacidad pero que no logra explotarla. Entonces quiero hacer eso, ayudar a esta gente a que valore su tiempo y se desarrolle como empresario.
¿Y en el campo social, qué planes tiene con la fundación Nicafrance que maneja desde hace 15 años?
Otro sueño que tenía de niña era trabajar con niños, yo trabajé en educación y (hay) niños que tenían dos años cuando empezamos en la finca y hoy son adultos, son profesionales, son casados, algunos ya tienen hijos que ya saben leer y escribir y van a tener otra vida, eso me conmueve porque diez años de educación pueden cambiar la vida de una familia.
Entonces lo que quisiera ahora es lograr una escuela de secundaria técnica en el lugar donde hice la escuela, donde hicimos un preescolar donde enseñamos flauta, computación, inglés, pero falta una escuela técnica. En esas zonas la secundaria por encuentros es solo los sábados, y para un niño que sale de diez años de la primaria eso es muy poquito. Es como una frustración, porque ellos saben computación, saben flauta, saben inglés y están todo el día solitos en su casa. Entonces hicimos una casa con la Asociación para desarrollar actividades para ellos, pero es difícil, sería mejor una secundaria técnica. Esa es una de las cosas que más me conmueve.
¿Dónde le gustaría fundar esa escuela?
En el norte, en Matagalpa, porque en el sur creo que los niños tienen más posibilidades, porque Rivas queda muy cerca y ahí está todo. Pero en el norte, siento que en el campo hay muy poca posibilidad. Por ejemplo, en las seis escuelas que apadrinamos en el sur hay 120 niños y en las seis que apadrinamos en el norte hay 1,200 niños… Pero necesitamos una secundaria en el lugar, pusimos a cinco varones pero costaba 35 dólares al mes cada uno, entonces no es sostenible… Tuvimos niñas también en Matagalpa y eran 45 dólares por cada una, es difícil la sostenibilidad.
¿Qué le impide concretar la instalación de esa escuela técnica?
Necesitamos que el Gobierno lo ponga como prioridad para la zona y que sea una secundaria formal que tenga todos los años. Construimos el local de la escuela para eso, para que funcione, fue un proyecto con Japón por medio de Amcham. Hicimos una escuela grande para también tener secundaria. Pero es decisión del Gobierno, nosotros sabemos que tiene poca plata y se necesitan cinco profesores, es mucho… Hemos hablado mucho con el Ministerio de Educación, con el delegado de Matagalpa, pero siempre dice que no hay, que no hay plata. Y eso tiene que ser una decisión del Gobierno, entonces seguiré insistiendo hasta lograrlo.
¿Qué otro asunto tiene en su lista de pendientes?
Estamos ahorita tratando de desarrollar la parte sur, las escuelas del sur. Estamos desarrollando un proyecto, la fundación está desarrollando su propia página web para lograr que los clientes del hotel se interesen en ir a las escuelas. Entonces a veces dejan 50 dólares a veces cien dólares. Ahora estamos en la página web de la fundación viendo la posibilidad de que la gente diga que va a comprar lo necesario para que un niño tenga lo necesario para ir a la escuela, eso vale 16 dólares, con esa cantidad tienen una mochila, un abecedario y todas las cosas de preescolar. Después viene un paquete de primer grado que vale 22 dólares, que también incluye todo.
¿Por qué tanto interés en la educación?
Porque toda la vida me han encantado los niños, además fui profesora en el colegio francés; soy economista de profesión, pero he sido profesora, nunca ejercí la economía. También fui profesora de mis hijos porque mi hijo mayor hizo sus tres primeros años por correo… Me gusta dar clases, ver a los niños que transmiten la alegría de aprender, porque aprender es su alegría. Además, la escuela tiene que ser un oxígeno. Por eso insisto en que el preescolar tenga todas las condiciones. Este año regalamos aparatos de música a todos los preescolares de San Juan del Sur, porque yo quiero que esos niños que tienen cuatro o cinco años bailen, canten. Porque el niño que canta quiere a su escuela, le encanta llegar y cuando llega a primer grado está feliz porque sabe cantar y saber cantar es saber hablar y conocer las letras y palabras, porque la profesora escribe para que ellos puedan cantar. La música me la apadrinó La Manzanita, que es un preescolar de Managua a donde iban mis hijos.
¿Cómo distribuye su tiempo entre sus responsabilidades de empresaria, esposa, mamá, abuela y mentora?
Yo respondo a necesidades, creo que mis dos nueras tienen que educar a mis seis nietos. A veces si mis nueras viajan puedo cuidar a los niños una semana o el tiempo que sea necesario. O viajo a Costa Rica para estar con los nietos que viven allá. Pero en general trato de responder a necesidades, paso dándoles besitos, les llevo una cuajada de la finca, pero no quiero que sientan que estoy triste porque no vienen. No, yo tengo mis propias ocupaciones y mis ideas, pero estoy siempre disponible para cuando me necesitan.
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LA PRENSA/ O. NAVARRETE
La educación cambia vidas
Cuando llegó a Nicaragua, en 1974, de lo único que estaba segura era de que aquí nunca pasaría frío y en medio del trauma de encontrar un país destruido por un terremoto, no imaginó que Nicaragua se convertiría en su segunda patria, ni que aquí, al convertirse en una empresaria muy exitosa, haría realidad tres de los sueños más recurrentes de su niñez: tener una finca, regalar pan y agua a los necesitados y caminar entre inmensas arboledas.