Cada ranking que se ensaye para colocar a los más destacados boxeadores latinos de la historia es subjetivo.
Es que aún no hay acuerdo sobre qué lo define: si los títulos mundiales, el balance o el nivel de los oponentes.
Aun así es entretenido y cada quien puede elaborar el suyo. Y ni los expertos se han puesto de acuerdo.
No obstante, una buena mayoría coincide en que el panameño Roberto Durán es el número uno de los latinos.
Durán reinó en cuatro categorías y personificó al púgil dispuesto a dar la vida si fuese necesario, en el ring.
Es unánimemente el mejor peso ligero (135 libras) de la historia, casillero en el que arrasó con su oposición.
También se adjudicó las coronas welter, mediano junior y mediano hasta acumular 103-16 y 70 nocauts.
Sus duelos con Esteban de Jesús, Ray Leonard, Marvin Hagler e Iran Barkle, entre otros, jamás se olvidan.
A su boxeo agresivo, pegada destructiva y personalidad carismática, le agregó picardía y verbo encendido.
A Durán la gente siempre lo ha sentido cerca, aunque comprende la dimensión que alcanzó con sus puños.
Cuando en el 2012 la revista The Ring elaboró el ranking de los mejores púgiles de los últimos ochenta años, colocó a Durán de quinto.
Delante de él aparecieron solamente Sugar Ray Robinson, Henry Armstrong, Muhammad Ali y Joe Louis.
Y cuando ESPN ranqueó a los mejores boxeadores de los últimos cincuenta años, Durán fue instalado como sexto.
Ahí no hubo ningún otro latino delante de él. Es más, Julio César Chávez apareció de 18 entre los mejores.
Pero como cada quien hace su ranking, para mí Chávez es segundo, solo detrás del aporreador canalero.
Cuando se boxea con tanta entrega y se hilvana una racha de 87 triunfos, como la de Chávez, es que sos un “as”.
El guerrero mexicano de pegada potente y aguante de granito atrapó tres títulos y compiló 108-6-2 y 87 KO.
Fabricante de incontables momentos legendarios, Chávez es considerado el mejor golpeador al cuerpo.
Sus duelos con José Luis Ramírez, Edwin Rosario y Meldrick Taylor reposan nítidamente en los fanáticos.
Luego vendría Alexis Argüello, quien demostró que entre elegancia y furia no hay contradicción.
Argüello dominó en pluma, ligero junior y ligero, pero fue en las 130 libras donde alcanzó la excelencia.
Armado de un hiriente jab y una prodigiosa derecha, el nica arrasó rivales y se ganó al público con su sencillez.
Remontó ante Olivares, persistió ante Escalera, se impuso ante Mancini y le dio clase a Bobby Chacón.
Argüello, el rival añorado por Floyd Mayweather Jr., se fue con 77-8 y 62 nocauts.
Luego Carlos Monzón, el artillero argentino, quien solo necesitó reinar en peso mediano para atrapar la gloria.
Monzón hizo 14 defensas de su corona y con 87-3 y 59 nocauts dejó un recuerdo imperecedero en el boxeo.
El quinto sería Wilfredo Benítez, el chavalo que dilapidó su talento, pero antes se aseguró de ganar tres coronas mundiales.
Ver en la versión impresa las páginas: 11 B