Aunque la politóloga guatemalteca Gloria Álvarez logró ingresar a Nicaragua —con algunos retrasos y cambios en su agenda— para ofrecer conferencias en las cuales cuestiona los sistemas de gobierno populistas, el Gobierno de Nicaragua ha dejado claro que no permitirá en el país a extranjeros que critiquen su política interna.
En mayo de 2013 se le prohibió el ingreso al país a una delegación de venezolanos encabezada por el exgobernador del estado Carabobo, Henrique Fernando Salas, y también incluía al diputado opositor del Gobierno de Venezuela, Carlos Berrizbeitia, ambos detractores del actual gobierno de su país, el cual mantiene estrecha relación con Nicaragua.
“En un país donde a los jóvenes se les está pidiendo liderazgo, que se metan en política, pero sus mismas universidades cierran las puertas, entonces ¿dónde queda el poder de debatir”. Gloria Álvarez, politóloga guatemalteca.
En septiembre del año pasado, el diplomático venezolano de carrera, Milos Alcalay, antiguo representante de Venezuela ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU), fue deportado por las autoridades nicaragüenses cuando intentó ingresar a este país para participar como ponente en un foro de la Liga Mundial de la Libertad y la Democracia.
En diciembre del año pasado, el presidente inconstitucional Daniel Ortega reveló la existencia de una lista de extranjeros cuyo ingreso a Nicaragua está prohibido, incluidos los congresistas estadounidenses republicanos Ilena Ros-Lehtinen y Marco Rubio, de ascendencia cubana y críticos del gobierno de Ortega.
El jefe de la bancada del partido gobernante Frente Sandinista (FSLN), Edwin Castro, afirmó ayer que cualquiera puede entrar al país a hablar lo que sea, pero obvió que la Unión Nacional de Estudiantes de Nicaragua (UNEN), organización afín al Gobierno, amenazó con morterear la Universidad Politécnica (Upoli) si Gloria Álvarez llegaba a ofrecer su conferencia en ese recinto universitario.
Sobre la lista de “non gratos” que elaboró el gobierno orteguista, Castro dijo que todo país tiene el derecho soberano de aceptar o no a los ciudadanos extranjeros.
El diputado opositor Adolfo Martínez Cole manifestó que Nicaragua no es un Gobierno democrático, así que no se puede esperar que permita la libertad de expresión de quienes critiquen o rechacen sus políticas.
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