Las medidas adoptadas por Estados Unidos que suavizan restricciones al comercio y los viajes a Cuba imponen a la isla el reto de adaptarse con rapidez a este nuevo escenario.
Desde ayer se autorizan intercambios comerciales de bienes básicos, material de construcción, equipos de telecomunicaciones o maquinaria agrícola; además de facilitar transacciones bancarias hasta ahora prohibidas y ampliar el límite para el envío de remesas, de 500 dólares a 2,000 dólares por trimestre.
Con el alivio de estas sanciones, prometidas por el presidente Barack Obama el 17 de diciembre, EE. UU. demuestra “seriedad” y “sinceridad” en esta nueva etapa de deshielo diplomático y “ponen la pelota en el tejado de Cuba”, según el economista Omar Everleny.
Para el especialista “es muy positivo” que los dos países inicien el diálogo para normalizar relaciones con “hechos concretos” que muestran la “voluntad” de ambas partes por cumplir sus compromisos. Cuba completó la liberación de 53 presos políticos que solicitó EE. UU.
El analista afirmó que los primeros que notarán el cambio serán los trabajadores por cuenta propia vinculados al turismo, como restaurantes o alojamientos hoteleros, ante el previsible aumento de visitantes estadounidenses.
Es el caso del restaurante La Guarida, parada habitual de turistas internacionales en La Habana, que espera un “incremento considerable” de clientes estadounidenses, cada vez más frecuentes en la isla desde que Obama flexibilizó en 2011 los viajes a Cuba por motivos religiosos educativos.
“Son clientes exigentes, pero también muy agradecidos si reciben el trato y la calidad que esperan”, señaló Enrique Núñez, propietario de La Guarida, donde se rodó la mítica película Fresa y Chocolate (1993).
Por ello indicó que para el sector privado de la isla, y en concreto para la hostelería, se abren “expectativas”, pero también “desafíos”, ya que ahora “hay que adaptarse a la velocidad necesaria a este nuevo escenario”.
“Hasta ahora el aumento de la demanda no siempre se ha traducido en un incremento de la oferta de calidad por los problemas de abastecimiento”, indicó Núñez, quien apostó por la apertura de “mercados mayoristas” que suministren los negocios del sector privado, uno de los motores de las reformas económicas en la isla.
Para las empresas extranjeras asentadas en la isla también se abre una nueva etapa de oportunidades con estos cambios, que “se están produciendo más rápido de lo esperado”, admitió el presidente de la Asociación de Empresarios Españoles en Cuba (AEEC), Xulio Fontecha. Según él, las primeras empresas de la asociación que se van a beneficiar de estas medidas son “las entidades financieras y las cadenas hoteleras”.
El éxito de la nueva política depende en parte de las toallas de mano de los hoteles, de que el aire acondicionado funcione, que haya waffles para el desayuno y de cientos de otras comodidades a las que los turistas estadounidenses están acostumbrados.
Las agencias de viajes a Cuba, en Estados Unidos, indicaron ayer que no hay más habitaciones en los pocos hoteles de alta gama que cumplen con los estándares internacionales, por lo que los turistas deberán encontrar alojamiento en las sombrías instalaciones estatales de poca categoría o en las casas de hospedaje familiares que ofrecen fuentes de ingreso a miles de personas.
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