Hace unos nueve meses conocí a Felipa, una nicaragüense que trabaja de cajera en una tienda de conveniencia en la zona de Pozos de Santa Ana, en San José, Costa Rica, muy cerca de donde vivo, por lo que tengo la suerte de visitar dicho lugar frecuentemente, ya sea después de ir al gimnasio o correr. Felipa representa para mí a los miles de nicaragüenses que buscando mejores oportunidades para ellos y sus familias migraron a otros países o sus padres lo hicieron y ahora ellos son una generación que nació fuera del país.
En las múltiples oportunidades que he tenido de conversar con ella al hacer compras, siempre tocamos el tema de Nicaragua, al hacerlo lo hace con amor, con nostalgia, jamás ha usado una palabra en su léxico que denote resentimiento, molestia, al contrario, todo es positivo. A diferencia de otros que han tenido que migrar de sus países de origen y pasan el resto de sus vidas hablando mal de su tierra, con amargura en sus corazones. Me contaba Felipa que su mamá murió aquí después de 18 años de vivir en Costa Rica, al enfermarse pidió que la enterraran en su amada Nicaragua, en su tierra natal Ocotal, Qué amor por su país, que aun reconociendo a través de su vida la necesidad de migrar por no tener la oportunidad de un trabajo digno allá, sí deseaba que el amor y el calor de su tierra la cobijara para siempre. Ese día que Felipa me contó esa historia familiar pasé gran parte de la noche pensando en todo mi pueblo que ha migrado, en el exilio de muchos, en la ausencia y soledad de aquellos sin familias, del abandono, de las tristezas de no poder visitar a sus seres queridos, pensé en todos ellos y el ejemplo de Felipa, como todos desean volver.
Se estima que en Costa Rica viven no menos de 700,000 nicaragüenses, en Estados Unidos alrededor de 600,000, en ambos países puede haber entre un treinta y cuarenta por ciento de ellos en forma ilegal, por eso hoy debemos de celebrar la decisión de las autoridades migratorias de Costa Rica de aceptar los certificados de nacimiento y antecedentes que gratuitamente el Consulado de Nicaragua extienda para que los migrantes nicaragüenses tramiten sus documentos de regularización, según las categorías que establecen los llamados Transitorios y, a la vez, la agilización y la rebaja de los costos de parte de las autoridades nicaragüenses de cédula de identidad y pasaporte en Nicaragua y el exterior. Todo esto ayudará a que los nicaragüenses en Costa Rica regulen su condición migratoria.
La persona que migra necesita una serie de condiciones tales como contar con un apoyo social afectivo, convivir con la familia que quedó y con la nueva familia que lo recibe si tiene suerte y no queda solo, formación profesional para superar y ascender en la escala social, ya que padecen de un fuerte sentimiento de frustración por no ocupar trabajos para los cuales están cualificados y esto puede deprimirlos, contar con apoyo psicológico para los efectos que causan la migración al inicio.
Es obligación de nuestro gobierno analizar esta situación y buscar una alternativa para que todos los nicaragüenses que han migrado tengan la oportunidad de regresar a Nicaragua a encontrar oportunidades de trabajo digno, que les permita mejorar su condición social. Al hacer estas reflexiones solo agradezco haber conocido a Felipa, representante de todos nuestros hermanos que luchan día a día por un futuro mejor, lejos de nuestra Nicaragua.
El autor es Cirujano Pediatra
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