Sobre el desarrollo económico de Nicaragua

La actual estructura productiva es muy poco diversificada: está concentrada en un número muy limitado de bienes y servicios.

La actual estructura productiva es muy poco diversificada: está concentrada en un número muy limitado de bienes y servicios. La estructura del empleo es la contracara de la estructura productiva: las pocas actividades de mayor productividad, más intensivas en capital, generan muy poco empleo y las actividades de menor productividad, con muy poco uso de capital, generan la mayor parte del empleo.

Dado que la productividad media de la economía es una media ponderada, siendo el factor de ponderación la participación de cada actividad en el empleo, el que la mayor parte del empleo lo generen actividades de muy baja productividad significa que la productividad media —y el ingreso per cápita— serán igualmente bajos.

La estructura exportadora refleja básicamente la misma especialización internacional de hace medio siglo, con muy pocas variantes. Nicaragua continúa especializada en la exportación de bienes de baja complejidad tecnológica, bajo valor agregado y reducido dinamismo de la demanda, con limitada capacidad de arrastrar al resto de la economía debido a sus escasos encadenamientos.

El proceso de desarrollo involucra, por el contrario, un proceso de permanente transformación dinámica de la estructura de la producción y del empleo, y de la canasta exportadora del país. Se trata ante todo de generar continuamente nuevas actividades productivas dinámicas, que generen —directamente y a través de sus encadenamientos— porcentajes crecientes del empleo.

Esto determinará un sistemático incremento de la productividad media de la economía —y del ingreso per cápita— a tasas muy altas, a lo largo de las décadas en que este proceso se sostenga.

Ello implica, ante todo, un proceso de permanente diversificación hacia actividades de mayor complejidad tecnológica, lo que significa que el país debe desarrollar un sistemático proceso de aprendizaje: aprender a dominar y adaptar el conocimiento y la tecnología existentes y a desarrollar la capacidad de generar nuevo conocimiento y tecnología, así como las capacidades institucionales, organizacionales y de marketing adecuadas.

También implica desarrollar los mecanismos para financiar las inversiones de mediano y largo plazo indispensables para sostener en el tiempo las altas tasas de inversión que serían necesarias, así como el obligatorio proceso de aprendizaje y acumulación de capacidades, hasta que las nuevas actividades alcancen los niveles de eficiencia técnica y económica para ser internacionalmente competitivas.

Este proceso también requerirá hacer frente a los problemas de coordinación que surgen de las denominadas “externalidades pecuniarias verticales”: la necesidad de coordinar las inversiones que deben llevarse a cabo simultáneamente —para disponer de la infraestructura adecuada a las nuevas actividades, los insumos, servicios y recursos humanos especializados, y los canales de comercialización—, cuando se pretende desarrollar ventajas comparativas dinámicas.

Pero también la política económica (política fiscal, de inversión pública, de investigación y extensión, cambiaria, de comercio exterior, monetaria y financiera) debe ser consistente con la necesidad de generar y sostener los incentivos e instituciones que apoyen y faciliten el proceso de transformación productiva y acumulación de capacidades.

En Nicaragua existe ciertamente la necesidad imperiosa de incrementar la productividad agropecuaria —donde un tercio de la fuerza de trabajo permanece atrapada en actividades de bajísima productividad—, lo cual significa reducir la brecha entre los rendimientos productivos actuales y los potenciales pero, principalmente, diversificar la actividad agropecuaria hacia productos de mayor valor e iniciar la construcción de cadenas de valor agroindustriales.

Pero las “economías de aglomeración” y demás externalidades asociadas al desarrollo urbano son una fuente fundamental de incremento sostenido de la productividad y la competitividad sistémica. El tipo de desarrollo urbano requerido no consiste en la aglomeración de una enorme masa de migrantes rurales en ciudadelas marginales y en el comercio y los servicios informales, sino en centros urbanos que resulten de la sinergia de actividades dinámicas, cada vez más intensivas en conocimiento.

Quizá la “receta japonesa” pueda servir de guía. El punto de partida sería un esfuerzo de prospección de mercados para identificar aquellos bienes y servicios de elevada elasticidad ingreso de la demanda a largo plazo —que aseguren altas tasas de crecimiento— y de mayor sofisticación tecnológica, que puedan desarrollarse en el país efectuando el esfuerzo y las inversiones requeridas, desarrollando los encadenamientos hacia adelante y hacia atrás imprescindibles.

*Economista

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COMENTARIOS

  1. Moises
    Hace 12 años

    para que publica en un periódico si nadie le va a entender?
    escriba en cristiano
    sea serio Adolfo

  2. Silvio Herrera
    Hace 12 años

    En sìntesis cuàl es la acciòn a tomar para lograr un mejor desempeño?
    Hay una buena cantidad de personas que no se interesan por estos temas.
    Còmo es la receta japonesa?

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