El jurista Óscar Castillo analiza en esta entrevista la situación del Estado de Derecho en el país y cómo el presidente inconstitucional Daniel Ortega está acaparando el poder a través del control de las instituciones del Estado.
¿Cómo valora el 2014 en aspectos constitucionales?
Un lastimoso retroceso, pues con las reformas constitucionales prácticamente se terminó la institucionalidad política y jurídica del país y se dio una estocada profunda al proceso de construcción de la democracia y el Estado de Derecho.
Las reformas constitucionales, cuestionadas en su legalidad, inconsultas y a aprobadas como traje a la medida del presidente (Daniel) Ortega, consolidan la concentración de poder, la sumisión de las fuerzas armadas y las del orden público al mando de una persona (Ortega) y una fuerte concentración de poder económico que se la posibilita su alianza con el sector privado-empresarial más pudiente del país y sus lazos con Venezuela.
¿Abusó Ortega de su poder y de la mayoría de diputados que tiene en la Asamblea?
No abusó de su parlamento, que prácticamente solamente le aprobó lo que él les orientó se aprobara, sino que más bien abusó de los instrumentos que da la democracia para aprobar las leyes que le interesaron. Valiéndose de la mayoría parlamentaria obtenida mediante una elección cuestionada, se dio el lujo de aprobar y reformar leyes de mucha importancia en la vida institucional y jurídica del país, haciendo reformas a las leyes constitucionales, del Ejército, de la Policía, reformas fiscales, entre otras, para precisamente consolidar su concentración de poder y reforzar el autoritarismo con el que ha gobernado.
¿Qué prevé para 2015 y qué se puede hacer para restituir el orden institucional?
Se profundizará el poder totalitario, se allanará el camino para una reelección segura y sin mayores problemas en el 2016, se consolidará el modelo corporativo que le ha servido de mucho en su alianza con el sector empresarial más representativo del país. Por ende, no veo que la institucionalidad del país presente un giro positivo con respecto a lo que ha sufrido en estos últimos años.
La organización de la gente ejerciendo la protesta, la denuncia permanente, la oposición con ejes y planes estratégicos claros de lucha, unidad y no reaccionando sino actuando, es lo que puede ayudar a que mediante los instrumentos y procedimientos democráticos se restituya la institucionalidad democrática, política y jurídica del país.
¿Cuál será el futuro de la oposición política?
Si no procura consensuar un plan estratégico de lucha, de construir una unidad con un horizonte visible, real y creíble, si no deja de reaccionar ante lo que el gobierno y el partido de gobierno hace y más bien acciona, propone y lucha por esas metas claras que solo un plan y una estrategia le puede dar, estará condenada al fracaso.
La oposición cuenta con importantes liderazgos de todas las tendencias, de mucha valía. Hay jóvenes, empresarios, profesionales, líderes comunales o de la sociedad civil, en fin, mujeres y hombres de visión, pero que requieren sentarse y juntos construir un plan de Nación verdadero, genuino, creíble y que sea capaz de alcanzar el poder a fin de devolverle al país la institucionalidad, su democracia y Estado de Derecho.
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