La madrugada del 17 de octubre Johanna Obregón y su familia fueron evacuados del barrio 18 de Mayo al albergue Arlen Siu, donde recibirá el Año Nuevo. “Aquí seguimos, sin casa, esperando que nos digan algo”, comenta Obregón. Ellos son parte de las 1,563 familias que la Alcaldía de Managua evacuó este año de las zonas de riesgo, todas distribuidas en los ocho albergues de la capital.
[doap_box title=»Días de “fiesta” difíciles» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]Para las personas o familias que se encuentran en los albergues, celebrar estas fiestas de fin de año podría clasificarse de “luto”, destaca la psicóloga Onelia Alegría, al referirse a las pérdidas que sufrieron estas familias.
La experta expresa que muchas personas que habitan en estos lugares son propensas a padecer de dolores de cabeza y de estómago por la depresión o estrés que le causa el solo hecho de pensar en que están en un lugar donde no tienen privacidad. “Esas personas ansían volver a la vida normal que llevaban”, comenta Alegría. Aunque en algunos casos, celebrar las fiestas de Navidad y de fin de año en los albergues puede resultar traumático, Alegría recomienda pasarla en familia y hablar sobre los propósitos de nuevo año, y sobre todo tomar los consejos de personas positivas. Por último resalta que comprometerse en actividades comunitarias, ayudará también a sobrellevar la posición que actualmente están llevando.
Lidia López[/doap_box]
El Arlen Siu es uno de ellos, donde sus habitantes se quejan por el desorden, el desaseo y la violencia. “Comodidad nadie tiene. Nadie está cómodo aquí. Tenés que estar cuidando tus cositas, no podés dejar a los niños porque no sabés qué te les pueden hacer, y hasta ha venido la Policía cuando entre familias se pelean o los chavalos tienen problemas”, cuenta Gioconda Palacios, embarazada, madre soltera de dos niños y quien comparte una pequeña pieza con otras dos familias. Son 119 en total aquí. La convivencia en los albergues es cada vez más difícil.
Johanna Obregón reconoce que temía por su familia cada invierno, cuando dos corrientes de agua bordeaban su casa de ripios en el barrio 18 de Mayo. Recuerda el estruendo de la lluvia aquella noche del 16 de octubre, en que nueve personas quedaron sepultadas bajo piedras, losetas y el lodo que arrastró el agua.
Allá peligrábamos en invierno, el problema aquí es que no podés estar tranquilo, no tenés privacidad, hay que hacer fila hasta para ir al baño y hay muchos conflictos”.
No han recibido información por parte de las autoridades, pero entre ellos circula el rumor de que a finales de febrero o marzo podrían ser trasladados a sus nuevas viviendas. ¿Dónde? Tampoco lo saben.
EMPEZAR DE CERO
Mientras en los albergues como el Arlen Siu o el Padre Fabretto las familias esperan amontonadas, en Ciudad Belén, el reparto construido con apoyo de Taiwán, alrededor de 800 familias tratan de adaptarse a su nueva vida.
Abigail Taleno está aliviada de haber salido del albergue, pero le aflige la aridez y la lejanía de este Belén, “sigo buscando una escuela para el niño, la única ruta que entra aquí es la 163, espero que ya viéndonos aquí pongan al menos un centro de salud”, comenta.
El primero y el 24 de diciembre hubo entrega de viviendas a familias damnificadas por los temblores de abril y las lluvias de octubre.
Alejandro Hernández llegó en el segundo grupo y, aunque está contento de tener una casa, le preocupa que el lugar esté tan alejado, que no hayan escuelas o puestos de salud cerca, pero sobre todo que se le ha hecho difícil encontrar trabajo en la zona. Es recolector de basura.
En el lugar las polvaredas y los remolinos azotan las calles y se cuelan en las casas. Grúas y excavadoras entran y salen del reparto, cuyos terrenos vecinos son acondicionados para nuevas construcciones.
“Dicen que ahí van a poner a los que faltan, pero quién sabe en cuánto tiempo estarán listas esas casas”, comenta Hernández.
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