Históricamente en el departamento de Matagalpa, que aporta más de un tercio de la producción nacional de café, la recolección de los primeros granos maduros, denominada etapa de graniteo, empieza en octubre; mientras que la fase de máxima recolección y mayor contratación de mano de obra ha sido en diciembre de cada año.
Sin embargo, por la falta de precipitaciones en este ciclo “la cosecha está muy lenta, ni siquiera hemos entrado a la etapa de cosecha plena y eso significa que la planta se maltrata más, se estresa y ya viene una preparación de floración para la próxima cosecha y entre más se manosea esa planta esa floración se pierde, es como un aborto y la planta se debilita”, explicó Aura Lila Sevilla Kuan, presidenta de la Asociación de Cafetaleros de Matagalpa (Asocafemat).
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Prolongándose el período sin lluvias en las zonas cafetaleras del departamento de Matagalpa, la maduración del llamado “grano de oro” ha sido lenta en las plantaciones, afectando el volumen y la calidad de la cosecha e incidiendo además en la remuneración que perciben los cortadores que anualmente se movilizan desde diferentes puntos del país.
La sequía en las plantaciones tiene efectos en el desarrollo del fruto y “mucho grano se está quedando pequeño, vano”, dijo Aura Lila Sevilla Kuan, presidenta de la Asociación de Cafetaleros de Matagalpa (Asocafemat).
Esa situación, según la dirigente gremial, afecta el rendimiento productivo en las fincas, por cuanto deben cortar hasta 13 latas de café en uva para completar apenas un quintal de café en pergamino (lavado), cuatro latas más que las requeridas en condiciones normales.
“Es que nos está saliendo mucho grano vano, una gran cantidad de broza (café de baja calidad)”, explicó Sevilla, indicando que en los mercados locales “un quintal (de café) en pergamino te lo están pagando a dos mil córdobas, mientras que un quintal de broza lo pagan a trescientos córdobas”.

LA PRENSA/ LUIS E. MARTÍNEZ
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