Gerald Hernández, escritor en evolución

La batalla contra el tiempo que libramos cada día por el cierre de edición, al menos a mí, me ha habituado a salir lo más rápido que puedo de los estadios. Sin embargo, nunca rechazo a alguien que me consulta o cuestiona algo.

La batalla contra el tiempo que libramos cada día por el cierre de edición, al menos a mí, me ha habituado a salir lo más rápido que puedo de los estadios. Sin embargo, nunca rechazo a alguien que me consulta o cuestiona algo.

Un día me detuvo un señor que me hizo varias preguntas que no podía contestarle de forma breve. Y cuando al fin le digo que ya no puedo seguir por el tiempo, me informa que tiene un sobrino que juega. Un día después fui a ver al chavalo y lo firmé: Gerald Rojas.

Otro día me interceptó un señor vestido en uniforme de jugador de softbol y lo atendí lo mejor que pude. Al día siguiente fui a una estación policial a buscar una licencia de conducir que se me había retenido y resulta que el jefe era justo el hombre con el que había hablado. Me trató muy bien.

Un día de 1994, me detuvo un chavalo gordito, quien ocultaba tras una gorra sus pelos perpendiculares y cargaba una mochila repleta de papeles. Me enseñó una colección de tarjetas de beisbol y al instante me pidió raid de Masaya a Managua. Le dije que yo tenía tarjetas que le podía regalar.

Al día siguiente me esperó a la entrada del periódico y desde entonces, no me lo he podido “sacudir”. Es Gerald Hernández, con quien tengo el gusto de trabajar y quien ayer fue escogido el mejor periodista de prensa escrita de este 2014 en nuestro país.

Hernández, ingeniero de profesión, se ha convertido en un eficiente recopilador y procesador de datos sobre el beisbol. Es un buen analista en esta época en la que los métodos de evaluación del desempeño de los jugadores han evolucionado.

En LA PRENSA nos complace tenerlo como compañero, a pesar de su ácido sentido del humor y la frescura con la que él cree que todo se mueve.

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