Simulacros de ahogo, privación del sueño, golpes, aislamiento, amenazas psicológicas: la CIA recurrió en la década del 2000 a un amplio abanico de técnicas reforzadas de interrogatorio consideradas como actos de tortura.
Un informe implacable contra la CIA, expurgado y publicado ayer por la Comisión de Inteligencia del Senado, acusa a la agencia de haber sometido a los detenidos durante varios años a “técnicas reforzadas de interrogatorio de repetición durante días y semanas”.
Según el informe, las torturas para extraer información a los detenidos tras el 11-S fueron “mucho peores” de lo admitido hasta ahora.
Los cautivos eran lanzados contra las paredes, desnudados, introducidos en baños helados. Se les impedía dormir durante más de una semana, se les golpeaba y amenazaba. Algunos de los suplicios detallados en el informe ya habían sido documentados en memorandos confidenciales del Departamento de Justicia en 2002 y 2005, bajo la presidencia de George W. Bush, y ventilados durante la primera gestión de su sucesor, Barack Obama, en la primavera boreal de 2009.
En la introducción del documento, la senadora Dianne Feinstein, líder del Comité de Inteligencia, no dejó dudas sobre el resultado de las investigaciones: “Es mi conclusión personal que, en cualquier acepción del término, los detenidos de la CIA fueron torturados”.
El demoledor informe de 525 páginas, con numerosos párrafos cubiertos con tinta negra para ocultar información confidencial, es un resumen de una versión de más de seis mil páginas que se mantiene en secreto. El texto toma mucho cuidado de utilizar la palabra “tortura” y prefiere el eufemismo de “técnicas reforzadas de interrogatorio”, adoptado en el gobierno del presidente George W. Bush.
Sin embargo, apunta el documento, esas torturas “no fueron una forma eficiente de adquirir información precisa u obtener la cooperación de detenidos”, aunque la CIA insistía en la eficacia del sistema.
Al analizar los argumentos de la CIA sobre la eficacia de la tortura, el comité investigador “revisó veinte de los más frecuentes ejemplos de éxito antiterrorista que la CIA atribuyó al uso de técnicas reforzadas de interrogatorio y llegó a la conclusión de que estaban equivocados en aspectos fundamentales”.
Según la investigación, la CIA “no estaba preparada cuando comenzó a operar su Programa de Detención e Interrogatorio, más de seis meses después de haber recibido autorización para mantener detenidos”.
LA TÉCNICA DE LA PARED
El informe desgrana las múltiples “bofetadas a la cara” y golpes “al vientre” infligidos a los detenidos por la CIA.
Jaled Cheij Mohammed, el presunto cerebro de los atentados del 11 de septiembre de 2001, fue sometido a la “técnica de la pared” (walling), al simulacro de ahogamiento y a la privación del sueño.
Con la técnica de la privación de sueño, los detenidos podían ser mantenidos despiertos hasta “(…) 180 horas”, es decir, “siete días y medio”, “de pie, con las manos al nivel o sobre la cabeza”, encadenados y atados al techo, señala el documento del Senado.
Abú Zubeida, un palestino capturado en marzo de 2002 en Pakistán, fue el primer prisionero de la CIA sometido a las técnicas reforzadas de interrogatorio. Estuvo, por ejemplo, encerrado en una habitación iluminada las 24 horas del día.
AISLAMIENTO
Entre junio y agosto de 2002, Abú Zubeida fue “aislado durante 47 días sin ser interrogado”, destaca el informe. La técnica del confinamiento es aún más dura: Zubeida fue colocado en una especie de caja del tamaño de un ataúd durante 266 horas y en otra todavía más pequeña durante 29 horas, mientras se le interrogaba. En un centro secreto de detención, identificado con el nombre de “Cobalt”, un prisionero podía ser mantenido en medio de una oscuridad total, de pie, con las manos atadas sobre su cabeza y por lo general desnudo. Los detenidos eran también sometidos regularmente a duchas o baños de agua helada.
Cheij Mohammed fue víctima de la simulación de ahogamiento (waterboarding) en 183 oportunidades. Al detenido se le mantiene atado a un banco inclinado, con sus pies sobreelevados, se le coloca una toalla en la frente y los ojos y el interrogador le echa agua mientras la pasa repetidamente por la boca y la nariz del torturado, quien durante 20 o 40 segundos no puede respirar. La operación podía ser repetida después de tres o cuatro aspiraciones. En marzo de 2003, Mohammed lo sufrió cinco veces durante 25 horas.
El “waterboarding” le provocó vómitos y convulsiones.
Abú Zubeida, a quien tras esas sesiones le “salía espuma de la boca”, padeció crisis de “histeria” y por un tiempo fue “incapaz de comunicarse”.
IMPEDIMENTO
El informe del Senado acusa a la CIA de haber presentado “información incorrecta” entre 2002 y 2007 al Departamento de Justicia sobre el alcance y los efectos de la tortura e impedir que el Congreso logre supervisar la aplicación de ese método de interrogatorio.
De esa forma, “la CIA impidió la supervisión por parte de la Casa Blanca y la toma de decisiones”. La propia administración del programa de interrogatorios por parte de la CIA “complicó, y en algunos casos, impidió” la acción de otros departamentos del poder ejecutivo.
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