El negocio de la distribución de películas es extraño. Mientras algunos estrenos simultáneos se vocean a los cuatro vientos, otras películas se filtran como con vergüenza, con poca o ninguna publicidad. Ese es el caso de El engaño. El título genérico no ayuda a quien quiera ponderar su calidad.
Un poco de espíritu investigativo bastó para encontrar información reveladora: nunca se estrenó teatralmente en EE. UU., donde se transmitió sin pena ni gloria por el canal de cable Lifetime.
Exceptuando el canal premium HBO, el estreno en cable suele ser una marca roja. Es lo que en el pasado era un “estreno directo en VHS”. A pesar de las estrellas y el talento detrás de cámara, el resultado final es evaluado como indigno para la pantalla grande. Aquí tenemos a la directora Karen Moncrieff y a la actriz inglesa Kate Beckinsale, veterana de la franquicia de acción sobrenatural Underworld .
No planeaba ver El engaño . De hecho, un problema con la clave para abrir el archivo digital de Pompeya en el cine decidió por mí el contenido de esta columna. En el balance final fue un afortunado accidente. A pesar de su modestia, la película es una satisfactoria pieza de suspenso legal.
De hecho es superior a El juez , un filme de género similar que ahora está siendo promovido como carnada de Óscar para su estrella, Robert Downey Jr. Cate McCall (Kate Beckinsale) toca fondo. Ha perdido la custodia de su hija en medio de un agrio divorcio. Su alcoholismo ha puesto en peligro incluso su carrera como abogada. Tras llegar borracha a un juicio, el juez condiciona su licencia para litigar a la ejecución de trabajo social. Así llega a sus manos el recurso de habeas corpus de Lacey Stubbs (Anna Anissimova), quien guarda prisión por un brutal asesinato teñido de pasión. Según ella, el proceso estuvo plagado de errores que anularon su derecho a un juicio justo. Y es inocente.
Poco a poco, Cate asume el caso como su último chance para redimirse. Pero por supuesto, nada es lo que parece ser.
Moncrieff, como directora y guionista, logra colmar una hora y media de metraje con suficientes giros como para una temporada entera de La ley y el orden . A veces las sorpresas cruzan la frontera de la credibilidad, pero el subtexto de la lucha de géneros informa la acción y la convierte en algo más que entretenimiento desechable. Cate se enfrenta a una lucha desigual. Además de redimirse ante su familia, desenmarañar un caso intrincando y reconstruir su carrera, enfrenta constantemente el machismo endémico que corroe a la sociedad. Hasta la intervención aparentemente amistosa de un viejo mentor (James Cromwell) viene teñida de objetificación.
La acumulación de tribulaciones puede parecer demasiado, pero va a tono con la odisea de una adicta enfrentándose a su enfermedad, sin el lujo de concentrarse en una sola batalla a la vez. Cate vive en pleno campo de Beckinsale es una excelente actriz, condenada a papeles superfluos por culpa de dos factores: primero, su belleza física; y segundo, el relativo éxito económico de sus películas menos interesantes.
Tendrá que buscar en los inicios de su carrera —la comedia Cold Comfort Farm (George Schlesinger, 1995)— para ver de lo que es capaz. O mejor aún, Nothing but The Truth (Rod Lurie, 2008), un intenso thriller político sobre una periodista cuya vida se desmorona al proteger a la fuente que le revela la identidad de un agente de la CIA. Nick Nolte le ofrece un sólido apoyo como un viejo abogado que también hace las veces de padrino de Alcohólicos Anónimos.
Ver en la versión impresa las paginas: 19