“En los siglos XVI, XVII y XVIII sandalias franciscanas iban y volvían de El Realejo a El Viejo, del El Viejo a León y de León a El Realejo. Y desde fines del siglo XVII comenzó a oírse en El Viejo, El Realejo y en León el maravillosos grito” ¿Quién causa tanta alegría? ¡taaanta! Voltéense todos del lado de El Viejo. Sí, del lado de El Viejo, porque allí está en su trono Nuestra Señora de la Limpia Concepción.
“Y en León, en la Catedral, en la medianoche del 7 de diciembre el gran obispo Pereira se volteaba más que nadie del lado de El Viejo en las noches de “la gritería”. El Viejo y León son una misma cosa”.
Las anteriores palabras son extractos de las Siete Glosas del Ombligo, de uno de nuestros grandes místicos y poetas, el padre Azarías Pallais. En ellas narra en bella prosa aspectos históricos poco conocidos de la nicaragüense tradición de “la Gritería”. Nos refiere que su culto se inició con la prédica franciscana en los que eran las principales poblaciones del occidente de la Nicaragua colonial: El Viejo, El Realejo y León, señalando al Santuario de la Inmaculada Concepción de El Viejo como foco irradiador de la veneración a la Purísima. En un dato poco conocido revela la costumbre, actualmente olvidada, de dar el grito de “¿Quién Causa tanta alegría?” colocándose en dirección a El Viejo. Relata anécdotas de Rubén Darío en París, de Garibaldi, el patriota de la unidad italiana, de paso por León, del obispo Pereira y Castellón y de las familias leonesas dando “el Grito” de cara a El Viejo.
Estos datos nos reafirman lo antiguo y arraigado en Nicaragua de la veneración a la advocación de la Purísima o Inmaculada Concepción de María. Es la Santa Patrona de Nicaragua. Las catedrales de Managua y Granada están dedicadas a ella, así como las iglesias de numerosos pueblos a lo largo y ancho de la geografía nacional, entre ellas Sébaco, Wiwilí, Jalapa, Cárdenas, Tecolostote, Villanueva y El Viejo. Tenemos un municipio de La Concepción, La Concha, y una fortaleza de la Inmaculada Concepción, de gran significado en la historia nacional, y hasta un volcán con su nombre.
En el magisterio de la Iglesia católica, la veneración y doctrina que considera a María, la Madre de Jesús, como libre de todo pecado desde el mismo momento de su concepción, es decir de su existencia, tiene una larga historia que se remonta a los primeros tiempos del cristianismo, alcanza su mayor aceptación hacia el primer milenio, es difundida en América a partir de la arribada de los españoles, momento en que llega a Nicaragua, en “las sandalias franciscanas”, según el decir de Pallais. Es proclamada como una verdad revelada por Dios en la Bula Ineffabilis Deus, decretada por el papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854, época para la cual también se considera que se desarrolla en León de Nicaragua la modalidad de la Gritería, tal como es hoy celebrada en toda Nicaragua y adonde haya nicas en el exterior.
En la Gritería se expresan valores de fraternidad y solidaridad, los hogares y las comunidades se abren a los vecinos y familiares, compartiendo bienes con alegría. Este es quizá su rasgo más distintivo y que le hace tener vigencia en la distancia y en el tiempo. En esta festividad, los nicaragüenses expresamos en el marco de nuestra propia cultura nuestros mejores sentimientos hacia el otro y así, nos sentimos orgullosamente nicas desde profundas raíces.
Así que este 7 de diciembre, cantando a la Concepción de María, “argéntese bien con la gorra” que le brindarán los vecinos.
El autor es sociólogo
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