Las delegaciones del gobierno de Colombia y las FARC sostuvieron ayer una reunión de cuatro horas sobre las condiciones para retomar el proceso de paz, aunque terminaron sin consenso.
Juan Manuel Santos descartó ayer en una entrevista con RCN la Radio, que el episodio del general Rubén Darío Alzate, retenido y posteriormente liberado por las FARC, tenga un grave impacto en el proceso de paz.
El lunes Alzate, al borde de las lágrimas, pidió públicamente su pase a retiro. “Él acudió a pedir la baja por el honor militar, y yo creo que eso es loable y respetable (…). Por eso se le aceptó la renuncia y sale con los honores propios de su cargo”, dijo Santos.
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El diálogo de paz, que tenía dos años de avance, quedó al borde del naufragio por la captura del general Rubén Darío Alzate y dos acompañantes, el 16 de noviembre. Los tres fueron liberados el 30 de noviembre. Para retomar las negociaciones el presidente Juan Manuel Santos exigía la liberación de Alzate, el militar de mayor rango caído en poder de las FARC en medio siglo de conflicto armado.
Las negociaciones fueron suspendidas cuando debatían sobre reparación de las víctimas, tras haber consensuado tres de los seis puntos de la agenda: reforma rural, participación política y drogas ilícitas.
Ambas partes retomaron los contactos con recriminaciones mutuas. “El Gobierno rompió el puente de confianza”, dijo Iván Márquez, quien propuso “blindar” el proceso de paz pactando un “armisticio”, al reiterar una vieja demanda que lanzó la guerrilla al iniciar las negociaciones en Cuba el 19 de noviembre de 2012.
Santos ha rechazado suspender las hostilidades mientras se desarrollan las negociaciones.
“Creo que el proceso de paz entra en una etapa de letargo, no solamente por las fiestas de Navidad y Fin de Año, sino de manera particular, porque las FARC van a sacar partido de la liberación humanitaria, buscando un espacio para negociar un cese al fuego bilateral o un armisticio parcial”, declaró el académico Jairo Libreros, de la Universidad Externado de Colombia.
“La agenda que se venía discutiendo pasa a un segundo plano, y el tema del armisticio pasa a ser un tema central”, añadió.
Un diplomático, que sigue el proceso de paz, dijo bajo condición de anonimato que la captura de Alzate significó un “doble” golpe para el Ejército colombiano: “Le toman prisionero a un general y más encima (…) no lo pudieron rescatar, debiendo acudir a ‘la buena voluntad’ de la guerrilla”.
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