Es justo reconocer que durante la actual administración sandinista, tanto edilicia como del Gobierno central, se ha hecho un esfuerzo meritorio por mejorar y ampliar las áreas de esparcimiento de los managuas con parques y áreas de diversión accesibles a toda la población, que rápidamente se han convertido en un atractivo turístico, tanto para el turismo nacional como internacional.
Quizás el esfuerzo más destacado, por su valor histórico, es el rescate paulatino de una cara de Managua que habíamos olvidado, porque esta ciudad poco a poco fue dando la espalda al Lago Xolotlán, que fue el origen de su fundación como aldea. Me refiero al Paseo Xolotlán y al Puerto Salvador Allende, excelentes obras que han hecho que los managuas vuelvan a ver hacia el lago, se trata de un rescate de la identidad de Managua como ciudad.
No puedo dejar de mencionar la transformación del Parque Luis Alfonso Velásquez que presta ahora condiciones excelentes para que nuestra juventud practique el sano deporte y la niñez tenga lugares de entretenimiento accesibles al bolsillo de todos los ciudadanos.
La Avenida Bolívar con todo el fervor mariano de nuestro pueblo luce ahora colmada en ambas bandas de bellos altares, luces navideñas y se ha designado un carril a cada lado como áreas peatonales para que la gente pueda asistir a las Purísimas sin el riesgo de ser atropellados.
Lo que no es comprensible es que se haya remodelado el parque Pedro Joaquín Chamorro Cardenal donde está instalado el magnífico monumento en su memoria. Hasta se cubrieron las 9 columnas, con megacalcomanías alusivas a los héroes del Alba ya desteñidas por el sol y el parque sigue cerrado al público, a pesar de que hace casi un año fue inaugurado. Tenerlo cerrado es como haber hecho semejante inversión en balde, o quizás como estar arrepentido de haberla realizado.
Pero volviendo al Paseo Xolotlán, como todos sabemos, Managua perdió su “otra cara” hace 42 años con el terremoto de 1972 que arrancó no solo las raíces de la ciudad que eran sus edificios, sino a más de 10,000 habitantes que fallecieron bajo las ruinas de aquella trágica noche del 23 de diciembre.
El Paseo Xolotlán ubicado donde antes era un basurero ilegal rescata esa cara de Managua con la reproducción en miniatura de su avenida emblemática: “La Roosevelt”, de la que hasta el nombre con el tiempo ha desaparecido. Las réplicas guardan una impresionante similitud con aquellos edificios que un día fueron la cara de Managua. Felicito al arquitecto y al grupo de artesanos que lo hicieron posible.
Allí está: el Gran Hotel, el Colegio la Inmaculada, el Club Social de Managua, que estaba donde hoy es la Presidencia, el First National City Bank, el Edificio Adela, el Bank of America, el Banco de Londres, el Banco Nacional de Nicaragua, que hoy es la Asamblea Nacional, el Banco Central de Nicaragua que tuvo que ser demolido parcialmente, la tienda de departamentos Carlos Cardenal que tenía la primera escalera eléctrica de Nicaragua, el Banco de América, tal como está uno de los pocos edificios íconos de Managua que sobrevivieron al terremoto.
La réplica de la Roosevelt y sus edificios está tan bien hecha, que los artistas reprodujeron en miniatura un edificio que estaba a medio construir cuando el terremoto y así está igualito, congelado en el tiempo, 42 años después: el edificio de los Baltodano.
Quienes conocieron la vieja Managua deben ir al Paseo Xolotlán para desempacar sus memorias y los jóvenes que no conocieron esta cara de Managua también deben ir para retroceder con su fértil imaginación en la “máquina del tiempo” a conocer la ciudad de sus padres y abuelos.
Muy cerca de allí está el Puerto Salvador Allende, otro polo de atracción turística que vale la pena visitar. Ambos sitios cuentan con excelente seguridad, muy bien ornamentados con áreas verdes y sitios para comer o ver la vista del Xolotlán, muy de cerca.
Una reflexión final obligada: ojalá no le tratemos al Cocibolca en esta generación, como las generaciones anteriores trataron el Xolotlán, hasta el punto de que solo podemos usarlo para refrescar nuestra vista y la navegación.
El autor es diputado del PLI y Presidente de la Comisión de Turismo.
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