La ONU, FAO, PMA y diversas organizaciones mundiales han estado dando la alarma a todos los países sobre la grave situación que viene en escala y es la escasez de alimentos en el mundo. La comunidad internacional está observando como irresponsabilidad gubernamental y del sector privado las actitudes pasivas de estos dos sectores en Nicaragua, que no se preocupan a fondo por las situaciones que afectan a la sociedad, a la biodiversidad y medioambiente; país que era gran productor de alimentos, que podría rescatar ese mérito, parece no inmutarse sobre los cambios climatológicos y sus consecuencias graduales, que irán creciendo en la medida que los efectos de estos cambios se agudicen y provoquen más catástrofes naturales.
Ante este tema, vale recordar a Thomas Malthus, economista, que “vaticinó la hambruna en muchos países y sociedades a la par del crecimiento poblacional, lo que provocaría perturbaciones en las economías del mundo”, una de las famosas teorías Malthusianas, siglo XVIII. Estas perturbaciones están muy ligadas a las afectaciones al ecosistema y la biodiversidad, a la depredación de la flora y fauna, el indiscriminado despale de los bosques y los pulmones de las reservas naturales como Bosawas, y a la contaminación de las aguas y el medioambiente.
Es tanta la preocupación medioambiental, que la destrucción de nuestros lagos y océanos mediante la supuesta construcción de un Canal Interoceánico maléfico, es un problema que nos enfrenta a todos y representa una amenaza para la vida silvestre, a nuestra salud, a la seguridad alimentaria y a nuestras economías, en vez de ser parte de la solución ante la escasez alimentaria. Parecen no tomarla en serio.
Ante la alarma de crisis alimentaria mundial, vemos a las mismas naciones desarrolladas despreocupadas por esta situación, estas enfilan sus miradas al desarrollo tecnológico, a la tecnología de punta, al libre mercado, a la producción y al consumo de bienes, descuidando lo más importante, dejando en segundo plano la producción alimentaria, la comida del ser humano para su sobrevivencia.
Lamentable es ver que los agentes económicos del gobierno, políticos y sectores privados, por intereses partidarios mezquinos, en estos países pobres y agropecuariamente favorables, no dedican sus energías a fomentar la producción y productividad, sino que quieren vivir de ayudas y donaciones de la ONU, PMA, FAO, BID, etc… porque han sido incapaces de tener iniciativas para políticas alimentarias preventivas y de soporte a las crisis. La carencia de objetivas políticas agropecuarias ante la situación de crisis alimentaria y la incapacidad de aceptar la real situación de la grave crisis como la sequía que todavía vive Nicaragua, en la comunidad internacional, están viendo a Nicaragua como un país de mentiras y contradicciones.
En Nicaragua ha sido la peor sequía de la que se tiene registro. Para el científico Jaime Incer Barquero, dos factores contribuyen a la sequía severa: uno es la carencia de lluvias y otro es que se ha venido destruyendo la cobertura forestal. Asimismo ha expresado que “los efectos de la sequía, esta vez serán peores, ya que la ganadería, las actividades agrícolas y el crecimiento de la población, han ido destruyendo los bosques; se sigue acabando con las últimas reservas de biosfera, y mientras no se cambien los métodos de producción y no se planifique el uso de los recursos naturales de acuerdo con las capacidades de los territorios. La naturaleza, su geografía, nos está diciendo que la ecología de Nicaragua muere y, al morir, muere la capacidad de producción, así como la capacidad de sobrevivencia de la gente, y muere la posibilidad de tener una mejor calidad de vida. El autor es periodista.
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