Siempre doy seguimiento a la agenda nacional y observo que la mayor parte del tiempo está dominada por la política y la politiquería, por sensacionalismo y por megaproyectos. No hay solo un culpable por el hecho que la agenda no destaque uno de los temas más críticos y estratégicos de la sociedad nicaragüense, como es la educación. Los culpables que este tema no esté en el primer lugar en la agenda nacional somos todos. La responsabilidad de esta agenda es de todos los ciudadanos y ciudadanas, en todos los frentes del quehacer nacional, gobierno y los otros poderes del Estado, el sector privado, la prensa, los religiosos y la sociedad civil en general.
A mi parecer, independiente de otros temas, Nicaragua debe enfocar su agenda en la educación. Sin una estrategia nacional de la que todos nos sintamos dueños, cualquier otro proyecto económico o político no resolverá los problemas de pobreza de la mayoría de la población. Solo la educación de calidad puede liberar para siempre a aquellos ciudadanos y ciudadanas sumidas hoy en la pobreza, nada más. Si queremos realmente erradicar la pobreza y contribuir a la construcción de una sociedad más justa, entonces no esperemos más, impulsemos una cruzada nacional movilizadora en la que participemos todos, para que en 10 años logremos cambiar radicalmente el panorama educativo de Nicaragua. Ya Nicaragua ha dado algunos pasos, la Cruzada de Alfabetización, las acciones recientes para erradicar el analfabetismo, entre otras, pero esto no deben ser acciones coyunturales sino una cruzada sostenida por lo menos a 10 años.
¿Qué pasaría si no lo hacemos? Los altos niveles de pobreza no van a ceder, la productividad sobre la que tanto hablamos no va a mejorar y las inversiones en las que tanto soñamos no van a brindar bienestar a los ciudadanos sino que el desarrollo les “pasará por alto”. Ni la pobreza ni la baja productividad se mejorarán por acto de magia, sino que tienen que estar basados en un aumento significativo de los niveles de educación. Los actuales niveles de pobreza y la baja productividad son un lastre para el desarrollo. Jamás podremos acelerar el crecimiento a dos dígitos si mantenemos los niveles de educación actuales.
Impulsemos una agenda nacional por la educación, para que se aprovechen los beneficios de las inversiones pequeñas, medianas y megas, se aumente la productividad y que reduzcamos efectiva y radicalmente la pobreza. Creo que a la juventud que cada vez más está liderando las instituciones públicas y privadas del país les corresponde este gran desafío.
Leyendo entre líneas la encuesta de hogares que publicó Fideg recientemente, en términos cuantitativos no hemos avanzado mucho desde el 2009. ¿Cómo será la educación en términos cualitativos? ¡Ni pensarlo! Con estos resultados lo primero que se nos ocurre a todos es criticar al gobierno pero como ya dije, fijar el punto de la educación como prioridad en la agenda nacional es responsabilidad de todos. Por ejemplo, sería deseable que el sector privado que mantiene un diálogo dinámico con el gobierno incluyera en la agenda el tema de la educación como un asunto estratégico.
Algunos puntos de esta agenda por la educación podrían ser: como involucrar a toda la sociedad en esta cruzada, como ampliar la cobertura, como multiplicar las mejores experiencias que implementan el sector público y ONG ahora, que se necesita hacer para motivar a los padres de familia por medio de incentivos para enviar a sus hijos a la escuela, como dotar a los centros educativos de la infraestructura básica, como cambiar radicalmente la calidad actual, como recalificar a los maestros, como financiar la educación, además del sector público que actores deben intervenir y como, entre otras.
Como sabemos, hay múltiples evidencia en el mundo y en América Latina, donde la educación ha hecho la diferencia en el bienestar de los ciudadanos y para arrancar no se necesita mucho, una década sería suficiente. También hay evidencias de vaivenes en los niveles de pobreza cuando su reducción no se sustenta en la educación, y cuando megainversiones no resuelven el problema de la sociedad, tal es el caso de Panamá, con un canal desde hace cien años y una economía con un alto crecimiento y floreciente, en donde conviven áreas que parecerían del primer mundo con áreas rurales en las que más de la mitad de la población está en situación de pobreza (54.0 %) y una de cada cinco personas (22.0 %) se encuentra en situación de pobreza extrema. Ni hablar de la población indígena la que casi la totalidad de sus habitantes está en situación de pobreza (98.4 %) y en pobreza extrema se encuentra el 90 por ciento de los pobladores.
En resumen, por medio de estas notas quiero proponer que impulsemos una agenda nacional por la educación, para que se aprovechen los beneficios de las inversiones pequeñas, medianas y megas, se aumente la productividad y que reduzcamos efectiva y radicalmente la pobreza. Creo que a la juventud que cada vez más está liderando las instituciones públicas y privadas del país les corresponde este gran desafío.
El autor es ingeniero.
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