Si hay algo en lo que se especializan los gobernantes populistas como los que sufre Nicaragua actualmente es en ofrecer pócimas mágicas a las multitudes empobrecidas con las promesas de resolverles todos sus problemas.
La más reciente pócima en Nicaragua se llama Gran Canal Interoceánico. Sobre este proyecto, llamado por sus promotores “la obra más grande de la humanidad”, una variedad de científicos y expertos en transporte marítimo de talla internacional han dicho que, cuando mucho, el Canal que apresuradamente está impulsando el presidente inconstitucional Daniel Ortega en sociedad con el oscuro ciudadano chino Wang Jing deja más preguntas que respuestas.
Pero la promesa es que la mágica pócima sacará a los nicaragüenses de la pobreza, la primera pregunta es entonces ¿en realidad estos proyectos saca a los países de la pobreza?
Veamos el caso del Canal de Panamá, que empezó a funcionar en 1914. Para el año 1970, cuando aquel Canal tenía 56 años de estar funcionando, el Producto Interno Bruto de aquel país era de mil millones de dólares. Ese mismo año, el Producto Interno Bruto de Nicaragua fue de 776 millones de dólares. La diferencia no es abismal, tomando en cuenta que Panamá había “gozado” de un Canal Interoceánico por cinco décadas en aquel entonces. Aquel Canal, igual que el que hipotéticamente harán aquí, estaba empeñado a sus promotores por cien años.
Algunos podrán argumentar que hoy, cien años después, Panamá está mucho mejor que Nicaragua, pero ¿hay que esperar cien años y pasar por un proceso traumático como la expropiación de miles de manzanas a pequeños propietarios o la potencial contaminación y destrucción del mayor cuerpo de agua de Centroamérica para salir de la pobreza? No es necesario.
Para salir de la pobreza hay muchas cosas que se pueden hacer con el mismo lago sin necesidad de empeñarlo, ni destruirlo.
Por ejemplo, el proyecto de la “Cota 100”, que propone irrigar cientos de miles de manzanas de tierra para convertir a Nicaragua en una verdadera potencia agroindustrial.
Este proyecto, como informa el reportaje Cocibolca para todos, publicado ayer en LA PRENSA, data de los años setenta y ha sido retomado pero nunca ejecutado por el primer y el segundo gobierno de Daniel Ortega (en 1985 y 2007).
El mismo no solamente dejaría las tierras en manos de sus actuales dueños, sino que garantizaría que, trabajándolas e industrializando esa producción, millones de nicaragüenses saldrían de la pobreza.
El documento Procuenca Río San Juan, que data de hace diez años, describe la “Cota 100” de la siguiente manera: “(…) Represar las aguas del Río San Juan… mantener la cota del Lago Managua a 32 msnm (metros sobre el nivel del mar), trasvasar agua del Lago Nicaragua hacia el Lago Managua a través de un canal sobre el Río Tipitapa y bombear el agua disponible hasta la cota 100 (100 msnm) para después regar por gravedad las 600,000 hectáreas aptas para riego que están por debajo de esta cota. Este proyecto considera la generación de energía a través del Río Tamarindo, la recuperación del Lago Managua y el abastecimiento de agua potable a ciudades que requieren de este servicio, incluyendo Managua”.
El proyecto es más barato y los problemas que presenta son de más fácil manejo que el de la “pócima mágica” que hoy ofrecen el presidente inconstitucional y su socio chino.
La respuesta para salir de la pobreza no es un Canal Interoceánico, son miles de canales de riego.