Al igual que todos los años, la entrega del premio Pedro Joaquín Chamorro Cardenal (PJChC) nos obliga a reflexionar sobre el estado de la Libertad de Expresión en Nicaragua, pero también en el mundo. Todo periodista caído o amordazado, aquí o allá, en el ejercicio de sus labores merece el más profundo respeto de quienes aprecian la libertad de expresión, como un derecho fundamental.
Al revisar este año que cierra no podemos obviar la conmoción que nos causaron imágenes, con brutal fuerza simbólica, de colegas periodistas decapitados en el Medio Oriente. Es cierto que ocurrió en tierras lejanas y en un contexto que pareciera no nos pertenece, pero sí hay un simbolismo en esa atrocidad que debemos resaltar en la entrega de este premio que honra el martirio de un periodista nicaragüense, Héroe Nacional PJChC asesinado en 1978 como ellos, por cumplir su deber.
La novedad en esta última atrocidad contra la libertad es que los criminales pusieron las redes sociales al servicio de la barbarie, con morbosidad extrema utilizaron los mismos medios de los periodistas para humillar a sus familiares y con el peor de los amarillismos divulgaron el sufrimiento de sus víctimas, James Foley y Steven Sotloff al momento de su ejecución. Y algo más, como dijo Claudio Paolillo de la SIP, los extremistas usaron a los profesionales de la información “como monedas de extorsión para fines terroristas y políticos”.
El horrible recurso de cortar la garganta al que se expresa en libertad y con independencia por haber cumplido con su deber de trabajar por la verdad de lo ocurrido, es además de cruel un mensaje de intimidación directo a colegas de todo el mundo y una forma de usar el terror para imponer la autocensura en quienes se esfuerzan por ejercer con excelencia su profesión.
Ocurre también en nuestra región que este año enfrentó el incremento de la censura directa en indirecta y el asesinato de once periodistas en un semestre, casi dos por mes principalmente en Honduras, México y Venezuela. Si bien en Nicaragua el estado de la libertad de expresión y el derecho ciudadano a la libre información pública no se mide por asesinatos o encarcelamientos a periodistas, pero sí por el grado de autoritarismo de un sistema que reprime las libertades públicas.
La presidencia con abusos de poder, permanente violación a leyes y la acumulación de medios en poder de la familia gobernante, intimida periodistas en el ejercicio de sus labores, reprime la pluralidad de los medios y el derecho ciudadano a la información de calidad y veraz.
Durante el periodo que cubre los trabajos al certamen PJChC, que va de noviembre 2013-agosto 2014, los periodistas Martha Vásquez y Uriel Molina fueron detenidos por ejercer su profesión; el programa Zona Libre TV en San Rafael del Sur cerrado por órdenes del alcalde; Izayana Martínez y Lucía Navas, Ismael López, Roberto Martínez y Ramón Potosme, fueron víctimas de abuso policial en cumplimiento de sus labores y entre otros, Edgardo Trejos, Jeannete Obando, Francisco Castro y Manuel Esquivel agredidos por camionetas y motorizados desconocidos.
Estas son expresiones del poder político adverso a un régimen de libertades públicas que insiste en intimidar la libertad de los que cuentan la verdad de lo que ocurre y a su manera, establecer un régimen de autocensura que la Fundación Violeta Chamorro con la entrega de este premio y otras iniciativas trata de combatir. A pesar de los esfuerzos del gobierno por debilitar la prensa independiente, celebramos contar con un grupo importante de periodistas que se mantienen en la primera fila de las libertades públicas.
Los setenta trabajos presentados para concursar por este premio son una prueba de esa tradicional valentía y tenacidad de la prensa nicaragüense frente a los repetitivos vicios dictatoriales del pasado y las nuevas prácticas de presidentes autoritarios, irrespetuosos de los derechos ciudadanos.
Esta amplia competencia por el Premio Pedro Joaquín Chamorro en seis categorías y en un espacio mediático cada vez más reducido confirma dos cosas: que el periodismo independiente sigue siendo uno de los principales baluartes de la lucha por un verdadero Estado de Derecho.
Segundo, que gobiernos como este pueden pretender restringir la libertad de expresión atacándola por sus cuatro costados, pero esta ya es un derecho apropiado no solo por periodistas, sino estudiantes y ciudadanía en general que han sabido copar las redes sociales para expresarse en plena libertad y autonomía económica.
Felicitamos a todos los periodistas que participaron en esta décima edición del premio Pedro Joaquín Chamorro C. y agradecemos su confianza con la seguridad que honran esta determinación de buscar la excelencia como principal garantía de la libertad de expresión.
La autora es Periodista y Directora de la Fundación Violeta Chamorro