Según fue establecido por una Ley aprobada por la Asamblea Nacional en junio de 2011, hoy 12 de noviembre es el Día Nacional de la Etnia China de Nicaragua.
En los considerandos de dicha Ley se dice que esta celebración se instituye como un reconocimiento al hecho histórico de que los inmigrantes chinos que se establecieron en el país, “han forjado familias honorables, ciudadanos ejemplares que han contribuido desde su arribo hasta la actualidad en la creación de nuevas formas comerciales e industriales que activaron el desarrollo de la Costa Atlántica y en el resto del país, como la agricultura, la educación, el deporte, los servicios, las artes, las ciencias, la vivienda social, las ferias, la diversificación de la producción exportable, mediante una actividad sostenida y permanente”.
Sin embargo, hoy, apenas en el tercer año de vigencia de la Ley del Día la Etnia China, esta celebración se ve ensombrecida por el surgimiento de una corriente de sinofobia (como se le llama al sentimiento anómalo de aversión a los chinos) que ha nacido y se está desarrollando al calor del rechazo de un sector de la población nicaragüense al proyecto de construcción del Canal Interoceánico, cuya concesión en condiciones muy onerosas para Nicaragua ha sido dada por el régimen orteguista a una turbia empresa de un oscuro empresario chino, detrás de quien se sospecha está China comunista con su objetivo de expansión geopolítica en el hemisferio occidental, utilizando a Nicaragua como estratégica cabeza de playa.
El sentimiento de aversión a los chinos, que se manifiesta particularmente entre los habitantes de las zonas del país por donde pasará el supuesto Canal, ha sido provocada por funcionarios de nacionalidad china que sirven a la empresa canalera, los cuales se han presentado en las propiedades de los campesinos respaldados por soldados y policías fuertemente armados, para medir y censar las propiedades que podrían ser expropiadas.
Las manifestaciones de sinofobia se advierten en las consignas que gritan y los carteles que muestran las personas que protestan contra el Canal en los lugares donde se supone que pasará la ruta canalera, porque temen ser expropiadas a cambio de injustas indemnizaciones y, peor aún, ser desterradas de sus tierras ancestrales.
Representantes de la comunidad chino-nicaragüense han mostrado su justa preocupación por las expresiones antichinas que se muestran en las protestas contra el Canal. Al gritar ¿qué quieren los campesinos? ¡Que se vayan los chinos!, no se diferencia contra quiénes se está protestando, se quejó por medio de LA PRENSA el historiador chino-nicaragüense Fabio Lau, en un reportaje titulado Los otros chinos que fue publicado en la sección semanal Domingo del 9 de noviembre corriente. Y es cierto, en vez de especificarse que el repudio popular es a Wan Jing y a quienes él representa, se generaliza a todas las personas chinas que nada tienen que ver con este problema.
En realidad, de la misma manera que no todos los nicaragüenses son culpables de que Daniel Ortega y sus partidarios hayan entregado la soberanía nacional y la integridad territorial para la supuesta construcción del Canal, tampoco todos los chinos que viven en China y cualquier otra parte del mundo, incluso en Nicaragua, tienen que ver con ese proyecto tan controversial.
La sinofobia no debe tener cabida en este país. La comunidad china se ha ganado y merece el respeto y el cariño de los nicaragüenses, como se dice justamente en la Ley creadora del Día de la Etnia China en Nicaragua.
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