Como se esperaba, el Partido Republicano obtuvo un rotundo triunfo en las elecciones de medio tiempo que se realizaron este martes 4 de noviembre en Estados Unidos. Los republicanos alcanzaron la mayor parte de los cien asientos del Senado y a partir de enero próximo ejercerán el control de todo el Congreso, pues ya eran mayoría en la Cámara de Representantes que incluso aumentaron en estas votaciones. Esto significa que el presidente Barack Obama, del Partido Demócrata, tendrá que gobernar los dos últimos años de su segundo periodo enfrentando la oposición del Congreso, que en el sistema político genuinamente democrático de Estados Unidos es muy poderoso, a diferencia de lo que ocurre en Nicaragua.
No es la primera vez que se produce este fenómeno político en Estados Unidos. Casi todos los presidentes que han sido reelegidos para un segundo periodo (el máximo al que pueden aspirar de acuerdo con la Constitución, que en ese país si se respeta), han debido gobernar en sus dos últimos años con un Congreso adverso porque el voto castigo le da la mayoría parlamentaria a la oposición.
En las encuestas a boca de urna que hicieron el martes algunos medios de comunicación de Estados Unidos, el 65 por ciento declaró que había votado por los republicanos por estar en desacuerdo con el rumbo del país bajo el gobierno de Obama. Y un ochenta por ciento de los votantes expresó que les preocupa el futuro de su país pilotado por Obama, cuyo nivel de aceptación bajó a menos de cuarenta por ciento antes de estas elecciones.
Muchos estadounidenses están disconformes con las políticas de Obama que han fortalecido la injerencia del Estado en la vida de las personas y reducido los ámbitos de la autonomía y la iniciativa individual. Inclusive los ciudadanos de origen hispanoamericano han castigado a los demócratas, porque el presidente Obama no cumplió sus promesas fundamentales en beneficio de los inmigrantes y por eso se abstuvieron masivamente de ir a votar, favoreciendo indirectamente a los republicanos.
En Nicaragua se ha seguido con atención este proceso electoral estadounidense, no porque sus resultados pudieran tener algún impacto significativo en el país, sino por el interés que generalmente despierta lo que ocurre en Estados Unidos. A pesar del obsesivo discurso antiyanqui del presidente inconstitucional Daniel Ortega, más del setenta por ciento de los nicaragüenses simpatiza con Estados Unidos y menos del veinte ciento tiene una opinión desfavorable sobre ese país. Así lo reveló la última encuesta sobre simpatía y antipatía hacia Estados Unidos en el mundo, de la prestigiosa firma Pew. No en balde Estados Unidos es el principal destino de la gran mayoría de nicaragüenses que emigran y quieren irse del país.
Representantes del partido oficialista FSLN, del opositor PLI y de la sociedad civil nicaragüense, coincidieron en declaraciones a LA PRENSA en que los resultados de las elecciones del martes pasado en Estados Unidos no tendrán efecto en Nicaragua. Pero tampoco los nicaragüenses deben esperar que los cambios que necesita el país pudieran ocurrir por influencia y mucho menos por intervención estadounidense, agregamos nosotros.
Lo que causa satisfacción es comprobar que la democracia sigue siendo robusta y funcionando con eficacia en ese gran país. Y que con todos sus defectos la democracia sigue siendo el mejor sistema político del mundo, como lo dijera el periodista y estadista británico Winston Churchill.
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