Agrocombustibles se expanden

Tradicionalmente en Centroamérica la producción de granos básicos para el consumo coexistía con la agroexportación. Sin embargo, en las últimas tres décadas un nuevo modelo agroexportador con énfasis en los llamados agrocombustibles ha desplazado la producción de alimentos, puntualiza el estudio: Concentración de tierras y seguridad alimentaria en Centroamérica, realizado por Eduardo Baumeister. En América […]

Tradicionalmente en Centroamérica la producción de granos básicos para el consumo coexistía con la agroexportación. Sin embargo, en las últimas tres décadas un nuevo modelo agroexportador con énfasis en los llamados agrocombustibles ha desplazado la producción de alimentos, puntualiza el estudio: Concentración de tierras y seguridad alimentaria en Centroamérica, realizado por Eduardo Baumeister.

En América Central, entre 1990 y el 2010 el crecimiento porcentual de las áreas de cultivo de los dos principales agrocombustibles (caña y palma africana) se ha registrado con mayor intensidad en Honduras, donde fue del 169 por ciento, seguido de Guatemala con el 147 por ciento, El Salvador con el 97.5 por ciento y Nicaragua con 37 por ciento, detalla el estudio.

Aunque Nicaragua es el país del istmo menos afectado por el fenómeno, presenta la particularidad de que la ganadería se ha sumado a los agrocombustibles, en detrimento de las tierras que tradicionalmente se destinan para la siembra de granos, alerta la investigación.

La ampliación de las áreas cañeras se realiza en zonas que anteriormente se encontraban bajo formas arbustivas. De esta manera disminuye la proporción de suelos con cobertura vegetal permanente. “El fenómeno ha convertido a El Salvador en el país del istmo con menor proporción de su territorio cubierto con bosques o cultivos permanentes”, señala.

Mientras que el uso de tierra para la producción de granos básicos en Centroamérica solo ha tenido un crecimiento modesto en el mismo periodo, de tal modo que el incremento neto es negativo en proporción al crecimiento de la población, pequeños y medianos agricultores han sido desplazados de sus tierras y muchos han perdido su sustento de vida, lo cual agrava todavía más las existentes desigualdades en la distribución de la tierra y desigualdades sociales, económicas y políticas en la región, alerta el documento.

“Antes la mayor parte de los granos básicos (a excepción del trigo) que se consumían en la región se producían en cada país, pero a partir de los años noventa se observa un creciente proceso de dependencia hacia el mercado externo para la provisión de estos productos”, advierte Baumeister.

Esta dependencia expone a la fluctuación de precios que caracteriza al mercado mundial. Tomando en cuenta la débil capacidad de respuesta de los países y de los sectores para comprar esos bienes, la expansión de los agrocombustibles se puede transformar en una amenaza para la seguridad alimentaria de algunos grupos de la población, alerta.

Este es un fenómeno que se observa en todo el mundo, pero “la intensidad de la dependencia alimentaria que ha alcanzado América Central es una de las más altas del planeta”, afirma el investigador.

Juan Sebastián Chamorro, director ejecutivo de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides), estima que la interdependencia es una condición normal que es parte de las reglas del mercado, ya que no todos los países son autosufientes en la producción de sus alimentos.

“Lo que se debe hacer es promover la eficiencia de la producción local para reducir esos déficits, pero en sí es normal importar alimentos como debemos importar petróleo”, manifiesta Chamorro.

Baumeister detalla que a la dependencia del mercado internacional que provoca este nuevo modelo agroexportador, basado en los agrocombustibles al juntarse con la ampliación de las áreas de pastos y el avance de la frontera agrícola por el cultivo de granos básicos, ocasionan la reducción de áreas de bosques.

[doap_box title=»El estudio» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]

La investigación Concentración de tierras y seguridad alimentaria en Centroamérica fue realizada con el apoyo financiero de la Coalición Internacional para el Acceso de la Tierra (ILC por sus siglas en inglés) y el Fondo de Desarrollo de Noruega. Y fue presentado durante el Foro Regional de la Tierra Nicaragua 2014, organizado por ILC, Nitlapán-UCA y Trocaire.

El estudio reconoce que en el caso particular de Nicaragua, para frenar el desplazamiento de los pequeños productores por el nuevo modelo agroexportador, en el 2010 se aprobó la Ley 717, Ley Creadora del Fondo para la Compra de Tierras con Equidad de Género para Mujeres Rurales, pero lamentan que dicho instrumento carezca de un reglamento que permita su aplicación.

[/doap_box]

BOSQUES DESAPARECEN

Entre 1990 y el 2010 en Guatemala el área de bosques se redujo anualmente en alrededor de 55,000 hectáreas, en Honduras en 145,000 hectáreas, en Nicaragua en 70,000 hectáreas y en El Salvador en alrededor de 4,500 hectáreas por año, detalla la investigación.

“La falta de ordenamiento del uso del suelo en las zonas de antiguo poblamiento hace que el avance sobre la frontera agrícola se traduzca en una reducción permanente de las áreas de bosques, afectando las áreas donde nacen los principales ríos, y en general erosionando los ecosistemas existentes”, recoge el informe.

A esa situación se añade el daño que provocan algunas prácticas agrícolas en el istmo, tanto al bosque natural, al agua subterránea y los ríos ubicados dentro o cerca de las fincas. Por ejemplo, la quema o el uso masivo de herbicidas no solo afectan al propio ambiente del agricultor y su familia, sino también a las comu

nidades vecinas, e incluso a las propias zonas urbanas cercanas, contaminando el aire que las personas respiran o las aguas que utilizan. “En América Central hay indicios muy claros de las consecuencias en materia ambiental, dado que la forma en la que se practica la agricultura se observa en la gran reducción de áre

as de bosque y montes entre la Segunda Guerra Mundial y el presente. En el caso de Nicaragua, por ejemplo, la superficie de bosques actual equivale a la mitad de la que existía a comienzos de los años cincuenta del siglo pasado”, señala.

PROTEGER A PEQUEÑOS

Para el presidente de la Unión Nacional de Agricultores y Ganaderos (UNAG), Álvaro Fiallos, “lo más dramático de este asunto (del avance de los agrocombustibles) es que el único que gana es el que invierte y que desplaza a los pequeños productores de alimentos, sobre todo de granos básicos hacia tierras menos aptas para estos cultivos”, lo que se traduce en una reducción de los rendimientos.

Fiallos considera que debería existir un control para proteger, especialmente al pequeño agricultor de subsistencia, “pero en eso interviene la conciencia del inversionista que solo está interesado en encontrar dónde invertir para obtener ganancias sustanciosas, lo que pase con el resto de la sociedad no le interesa mucho”, por lo que lo más indicado sería la intervención del Estado, para garantizar la seguridad alimentaria.

“Hemos intentado, hemos estado en esto, pero es difícil encontrar un mecanismo que frene este desplazamiento de los productores de alimento y el daño ambiental que la extensión del cultivo de caña y palma están provocando. Pero hasta ahora no se ha logrado nada. Lo que hay son los análisis y las promesas de siempre”, lamenta Fiallos.

Palma-Africana-y-azucar

Ver en la versión impresa las páginas: 2 C ,1 C

Boletin Economía granos básicos archivo

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí