Marvin Saballos R.

Misterio y sentido de trascendencia

El misterio de la existencia y más aun, el misterio de la existencia personal y nuestro sentido de trascendencia es lo que en nuestra cultura celebramos ritualmente cada 2 de noviembre, fecha en que rendimos culto a la memoria de los seres queridos que ya han fallecido.

Parece ser innato en el ser humano el sentido de la trascendencia, el ir mas allá de lo inmediato, la permanencia de la conciencia individual, al punto de que todas las culturas y en todos los tiempos se han tenido una visión en torno a la trascendencia y de los medios para alcanzarla.

Está vinculado a un sentido moral, porque es estimado que quienes cumplen con las normas y valores predominantes en su cultura serán quienes alcancen un estado de mayor perfección y gozo al trascender esta vida. Para algunos esta propuesta de las religiones de un paraíso en el otro mundo, es una forma de compensar la incapacidad de los seres humanos de lograr satisfacer todas sus necesidades en esta vida y de evitar el sufrimiento. Pero aunque aceptáramos esta afirmación del anhelo de una vida mejor después de la muerte, por la incapacidad de tenerla en esta vida, ello no responde a la necesidad fundamental del sentido de trascendencia, a la angustia vital de la existencia.

¿Cuál es el sentido de nuestra existencia? ¿Quiénes somos? ¿Por qué tenemos esta angustia ante la perspectiva de dejar de existir? El sentido del ser, una pregunta eterna de la filosofía, de las religiones, de la sicología, de toda aquella disciplina que se indague por la razón última, y primera de la existencia del ser humano, y más aun de cada ser humano.

Nuestros antiguos náhuatl asociaban el estado que alcanzaría el alma después de la muerte al destino de su muerte, quienes morían en la “guerra florida”, al fin de cuentas en la defensa de su pueblo y creencias, alcanzarían la mayor felicidad. O sea que la entrega al pueblo y a sus dioses permitía alcanzar el mejor estado. Reconocimiento al sacrificio por la comunidad.

En la mitología nórdica también los guerreros muertos en combate son llevados al Valhalla, lugar reservado para los elegidos. Lo que quiero destacar en estos ejemplos es que el valor supremo se atribuye a quienes se sacrificaron por su pueblo, es al final un reconocimiento al altruismo, al abandonarse a sí mismos para darse al otro, representado en la pervivencia de su nación.

Pasando a la sicología, encontramos que una manera de enfrentar la angustia vital es lograr la integridad yoica, es decir un conocimiento de su propias capacidades y posibilidades, reconciliándose consigo mismo, lo que ayuda alcanzar la paz interior y a mantener relaciones sociales productivas y de solidaridad con sus semejantes.

En la fe cristiana, que compartimos la mayoría de los nicaragüenses, Jesús nos dice que el único mandamiento es el amor y que seremos valorados en nuestro juicio final por el amor y apoyo que brindemos a nuestros semejantes. Nos ofrece una vida eterna.

Pero además de la fe y de nuestro sentido innato de trascendencia, ¿qué certeza tendremos de una vida trascendente?

La ciencia en sus avances, nos lleva en el microcosmos subatómico, a lo infinitamente pequeño y en el macrocosmos a lo infinitamente grande, rondando con el campo filosófico y teológico del infinito, por otro lado la existencia de partículas subatómicas, con tiempos de existencia tan corto, que parecerían ser inmateriales y atemporales, van rondando con el concepto de eternidad.

A medida que la ciencia avanza nos devela misterios que abren otros misterios más complejos.

Por hoy me quedo en mi sentido de trascendencia con la respuesta del amor que nos brinda la fe cristiana. Y por ello mis oraciones y cariño a quienes me sirvieron de fundamento para la vida en esta tierra y me antecedieron en el camino de la vida eterna, en este 2 de noviembre, día de reflexión del sentido de la vida.

El autor es psicólogo Social.

COMENTARIOS

  1. Meyling Mariana Roberssi
    Hace 12 años

    Meyling Mariana Robersi
    Pues tengo preconceptos y limitaciones. Como todo el mundo. Los tengo contra el charlatanismo, el engaño y la mentira, la injúria o evidencia hecha con abuso manifiesto y alevoso, la ignorancia y el oscurantismo, y en general, contra todos aquellos farsantes que dañan a su decendencia difundiendo falsedades y mentiras.

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