Las fuerzas de seguridad israelíes tomaron este viernes 24 de octubre la ciudad vieja de Jerusalén y los barrios de la zona Este de la urbe, en cuyas calles cientos de palestinos hubieron de rezar tras impedirles el acceso a la Explanada de las Mezquitas, tercer lugar más sagrado del islam.
Como en viernes precedentes, tras el rezo en plena calzada estallaron incidentes entre los agentes, que trataban de dispersar a los congregados con bombas de sonido, disparos al aire y chorros de agua pestilente, y grupos de palestinos que lanzaban piedras y otros objetos.
En Wadi Joz, barrio árabe al noreste de la ciudad vieja, al menos un menor palestino fue detenido de forma violenta por un policía israelí de paisano, según pudo observar Efe.
El agente acorraló al joven junto a un coche, lo lanzó al suelo, le vendó los ojos y le ató las muñecas con una brida con la ayuda de un grupo de agentes antidisturbios que penetraron en esta humilde barriada.
Otras dos personas fueron igualmente arrestadas en otras zonas árabes de Jerusalén en las que este viernes hubo incidentes, como Isawiya, Silwan, A Tur y Bab al Amud.
La Policía y el Ejército israelí comenzaron a multiplicar su presencia en los barrios del Este el miércoles después de que un «lobo solitario» palestino matara a un bebé de tres meses al intentar arrollar a un grupo de pasajeros que esperaban el tranvía en la línea verde, que separa la parte palestina de la israelí.
El ataque y el despliegue policial han intensificado la ya creciente tensión en la ciudad santa, escenario desde el verano de disturbios y enfrentamientos en los barrios árabes entre fuerzas de seguridad israelíes, colonos judíos y grupos de jóvenes radicales palestinos.
La violencia en Jerusalén se disparó en julio después de que un grupo de radicales judíos quemaran vivo a un adolescente palestino en el este de la ciudad en venganza por el asesinato de tres estudiantes judíos -dos de ellos menores- atrapados cuando hacían autostop cerca de la colonia de Gush Etzion.
Desde entonces, ha habido ataques regulares con piedras al citado tranvía, que conecta la parte oeste de la ciudad con la colonia de Pisgat Zeev a través de barrios árabes, e incidentes nocturnos entre grupos de jóvenes radicales palestinos y agentes israelíes.
Días antes del atropello mortal, la prensa palestina denunció que una niña de cinco años había muerto igualmente arrollada, al parecer por un colono, a la salida de la escuela en el norte de Ramala, suceso aún bajo investigación.
En medio de esta creciente tensión, decenas de ultranacionalistas y colonos extremistas judíos se manifestaron anoche frente a la marquesina del tranvía en la que tuvo lugar el ataque al grito de «Muerte a los árabes» y «Venganza».
Un fuerte dispositivo policial evitó, no obstante, que estallaran disturbios entre los manifestantes y palestinos del vecino barrio de Sheij Jarrah.
En este ambiente, la policía israelí cerró esta mañana el acceso de los palestinos menores de 50 años a la Mezquita de Al Aqsa y colocó controles en las puertas y calles del casco viejo.
Por contra, los judíos tuvieron acceso libre al Muro de las Lamentaciones, el lugar más sagrado del judaísmo, al pie de la explanada, al igual que los grupos de turistas, que pudieron realizar sus visitas.
Esta atmósfera de confrontación se ha visto azuzada por los comentarios de políticos de las dos partes, las medidas restrictivas de acceso a la explanada para los palestinos y las incursiones de soldados y políticos israelíes en este recinto bajo soberanía jordana.
La semana pasada, el presidente palestino, Mahmud Abás, condenó las «provocaciones israelíes» e instó a los palestinos, y a los musulmanes en general, a defender por todos los medios posibles el lugar en el que el Corán sitúa el inicio del mitológico viaje de Mahoma al cielo.
Abás insistió, además, en que Jerusalén Este es la capital del futuro Estado palestino.
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, exhortó el jueves a las fuerzas de seguridad a «ejercer la soberanía israelí» sobre toda la ciudad de Jerusalén, que considera la capital indivisible del Estado judío.
«Ordenó que la soberanía sea ejercida sobre todas las partes de la urbe mediante el estacionamiento de fuerzas adicionales por la ciudad», afirmó.
Netanyahu reiteró que la ciudad «unificada fue y seguirá siendo la capital eterna de Israel», en claro contraste con la postura de la comunidad internacional, que no reconoce la anexión de la parte oriental.
La tensión también se ha avivado por el incremento de las colonias judías en Jerusalén Este, la falta de perspectiva de una solución política tras el fracaso de las negociaciones de paz y el impacto de la guerra de este verano en Gaza.




